Previously in Lorz...
Salí de Atocha un día
Camino de Barcelona
y en el camino encontré
un papel que así decía:
salí de Atocha un día...
Llegamos por fin a la historia que ZaraJota™ quería que contara, y sólo he tardado un mes. Estoy mejorando en esto de la periodicidad.
La madre de ZaraJota™ vive en Barcelona.
La comunión de la sobrina de ZaraJota™ era en Badalona y bien tempranito.
Para no tener que salir de casa de la madre de ZaraJota™ demasiado temprano y con prisas pensamos que lo mejor sería pasar una noche en un hotel de Badalona, amanecer allí, tener un baño para nosotros solos, ponernos bellos con calma...
Pasar una noche menos con la suegra no influyó para nada en nuestra decisión.
Casi.
Después de muchas consideraciones acabamos reservando en el Hostal Badaloní, que está en un sitio muy bueno y tiene un precio muy razonable que además, incluye espectáculo.
Cuando llegamos con el carrito, las maletas, Bebé-chan, la niña del espejo, cansados después de haber recorrido el metro de Barcelona jugando a Cube con los ascensores, empapados porque nos pilló un tormentazo digno de verse, nos encontramos el hostal cerrado a cal y canto y un cartel en la puerta.
"Para avisar a recepción llamar por teléfono".
-Se referirán al telefonillo, ¿no? -le pregunté a ZaraJota™ señalando al portero automático de la puerta.
-No sé, pone el teléfono y todo.
Estábamos discutiendo si llamar por teléfono o al telefonillo cuando a través de la puerta vimos pasar a la señora de la limpieza.
-¡EEEEEHHH! ¡EEEEHHHH!- gritamos ZaraJota™ y yo agitando los bracitos para llamar la atención.
La señora de la limpieza vino y abrió la puerta.
-¿Qué quieren?
-Eh... es que tenemos una reserva y tal...
La señora de la limpieza nos apartó de un manotazo y empezó a aporrear el telefonillo como una loca.
-¡Que hay gente aquí!-gritaba entre golpe y golpe-. Ya vienen.
Y se fue a limpiar.
Como no habíamos oído responder a nadie nos quedamos en el umbral de la puerta, mirando alternativamente a la señora y al telefonillo, sin saber si era mejor morir de frío fuera o a manos de una demente que oye voces dentro.
-Pasa tú -dijo ZaraJota™.
-No, pasa tú -le dije yo.
-Pasen, pasen -dijo la señora, y no nos quedó más remedio que entrar-, que ya viene el señor.
Pasamos y esperamos de pie delante del mostrador de recepción, mirando de reojillo la puerta por su había que salir corriendo por nuestras vida. Por suerte, nuestra espera se vio recompensada con la aparición del susodicho señor... que venía en bata.
Lo voy a repetir otra vez: el señor de la recepción estaba en bata.
No, no es suficiente, tengo que repetirlo una tercera vez.
¡EN BATA! ¡EL TÍO ESTABA EN BATA!
-Hola -le dije, porque con los desconocidos siempre soy muy simpática por si acaso.
-GRRRRR -contestó el señor, sin mirarme.
-Es que... eh... tenemos una reserva y tal...
-GRRRRR...
-Es... está a nombre de Lorzagirl... y... eh...
-GRRRRR...
-¿Pu... puedo pagar con tarjeta?
El señor en bata consiguió terminar el check-in sin decir ni una sola palabra y nos dio la llave.
ZaraJota™ llevaba un rato dándome tirones de la camiseta para que nos fuéramos, y la verdad, habría sido lo más sensato.
Por eso hice exactamente lo contrario.
-Una pregunta más -le dije al señor de la bata-. ¿Saben dónde puedo calentar un biberón para Bebé-chan?
-AQUÍ NO SERVIMOS COMIDAS.
-Ya lo sé, no quiero que lo preparen, sólo quiero calentarlo.
-NO SERVIMOS COMIDAS.
-Ya, ya, por eso pregunto, por si saben dónde...
-¡QUE NO SERVIMOS COMIDAS!
-Ya, si sólo...
-¡¡¡QUE NO!!!
ZaraJota™ yo cogimos los bártulos, a la niña y corrimos hasta que nos vimos a salvo en nuestra habitación, donde nos dio un ataque de risa floja hasta que Bebé-chan empezó a llorar.
-Creo que tiene hambre -dijo ZaraJota™.
-¿Sí? Bueno, no pasa nada.
-¿Queda agua en el termo?
-No, pero seguro que el amable señor de la bata nos puede decir dónde calentar un biberón.
------
Pd1: Somos gente de recursos: llenamos el lavabo de agua caliente, metimos el biberón dentro y, aunque tardó un poco, se acabó calentando.
-------
Pd2:
Ya me estoy viendo a mi tía.
-Lorz, estas cosas sólo te pasan a ti.
Pues va a ser que no.
25 junio 2013
17 junio 2013
El cuerpo hecho un cristo II
Previously in Lorz...
No lo sé. Primero Bebé-chan ha estado muy malita, ahora yo estoy muy malita...
Me encuentro muy mal.
Me duele la cabeza, me duele la garganta, me duelen los oídos. Estoy muy congestionada y no paro de oír un pitido espantoso. Lo peor es el pitido: empezó esta mañana exactamente a las seis y lo llevo oyendo todo el día a intervalos de cinco minutos y... ahora que lo pienso, puede que se me haya olvidado quitar la alarma del despertador.
Cuando Bebé-chan era más pequeña nos podíamos ir al pueblo con una maleta de fin de semana para las dos: su ropa era muy pequeña y por mucha que llevara siempre abultaba poco, dormía conmigo y yo llevaba la comida incorporada, por decirlo de alguna manera.
Ahora que es prácticamente una mujercita la ropa ya no es tan pequeña, y necesita muchísima porque se mancha arrastrándose por el suelo o jugando con la comida, y la comida también abulta mucho, y los pañales, y además el tiempo ha estado muy revuelto, y teníamos que llevar ropa de invierno, por si hacía frío, ropa de verano por si hacía calor, y ropa de fiesta porque íbamos a un evento muy importante y ropa de repuesto para todo por si Bebé-chan decidía hacer pedorretas con la papilla en el momento más inoportuno.
Y por si no lleváramos bastantes cosas, como me daba asquito que durmiera en la cuna del hotel llevábamos nuestra propia cuna.
Y un gorrito para el sol.
Y juguetes para que no se aburriera.
Y las medicinas, el termómetro y un botiquín.
Y...
Resumiendo: para tres días llevábamos todo esto:
Y el carro.
Y la niña.
Y al Conejo Mulder.
-¿Queréis que os lleve a la estación? -se ofreció mi padre, viendo el alentador panorama.
-Si tu maletero se llena sólo con el carrito.
-Pues yo me llevo a Bebé-chan en el coche y vosotros venís corriendo detrás.
Mi padre todo lo soluciona llevándose a Bebé-chan mientras nosotros corremos detrás. Debe ser su forma de fomentar el deporte.
-Da igual, si aquí vamos en autobús estupendamente. El problema es en Barcelona, que tenemos que coger el metro sí o sí y no hay ascensor.
-Anda ya -decía mi padre-, no me puedo que creer que el metro de Barcelona no tenga ascensor.
-Pues no hay.
-Sí que hay-terció ZaraJota™.
-¿Y por qué me obligas siempre a subir y bajar todos los tramos de escaleras a pinrel vivo?
-Es que los ascensores del metro de Barcelona son... diferentes.
-Hombre, tan diferentes no serán: tendrán el botón de parriba y el botón de pabajo.
-No, no.
-Vaaaale, el botonet de parribet y el botonet de pabajet, que es que hay que ver lo tontos que os ponéis con lo del idioma...
-Que no es eso, que son muy complicados.
-Bueno, por muy complicados que sean con el carrito, la maleta, la mochila, el bolso, el Conejo Mulder y la niña no estamos para andar subiendo y bajando escaleras en cada transbordo, que es que más complicado no lo podemos tener...
Pues sí podíamos porque, para empeorar las cosas, una vez que nos subimos al ave descubrimos que nos había seguido La Niña del Espejo.
La Niña del Espejo es la muy mejor amiga de Bebé-chan y la más fiel: siempre que se asoma a un espejo ahí está esperándola.
A Bebé-chan le da mucha alegría cuando la ve, y se ríe.
La Niña del Espejo se ríe.
Bebé-chan se ríe más.
La Niña del Espejo se ríe más.
Bebé-chan se ríe mucho más.
La Niña del Espejo se ríe mucho más.
Y así hasta que tenemos que separarlas por miedo a que Bebé-chan colapse de la risa.
-Lo que nos faltaba -le dije a ZaraJota™-: ahora vamos con el carrito, la maleta, la mochila, el bolso, el Conejo Mulder y dos niñas. Tú dirás lo que quieras, pero yo cojo el ascensor sí o sí.
ZaraJota™ no dijo nada.
Lorzconsejo: cuando ZaraJota™ no diga nada, desconfiad. Dado que por lo general habla poco, lo mejor es desconfiar siempre, por si acaso.
Cuando llegamos a Barcelona y conseguimos bajar del ave con toda la impedimenta y parentela ZaraJota™ me guió hasta un cartel en la pared.
-¿Qué es esto?-le pregunté.
-Es el manual de instrucciones para el ascensor.
-Vale, yo me voy por las escaleras y nos vemos en casa de tu madre.
Continuará...
Pd. Como seguro que hay alguien que lo dice, me adelanto y lo digo yo: este en concreto no es el cartel que hay en Sans, porque allí no estaba de humor para hacer la foto. Tampoco estaba de humor cuando llegamos a Trinitat Nova y nos encontramos un cartel similar. Francamente, no recuerdo dónde hice la foto, sólo que me dolían mucho los pies.
No lo sé. Primero Bebé-chan ha estado muy malita, ahora yo estoy muy malita...
Me encuentro muy mal.
Me duele la cabeza, me duele la garganta, me duelen los oídos. Estoy muy congestionada y no paro de oír un pitido espantoso. Lo peor es el pitido: empezó esta mañana exactamente a las seis y lo llevo oyendo todo el día a intervalos de cinco minutos y... ahora que lo pienso, puede que se me haya olvidado quitar la alarma del despertador.
Cuando Bebé-chan era más pequeña nos podíamos ir al pueblo con una maleta de fin de semana para las dos: su ropa era muy pequeña y por mucha que llevara siempre abultaba poco, dormía conmigo y yo llevaba la comida incorporada, por decirlo de alguna manera.
Ahora que es prácticamente una mujercita la ropa ya no es tan pequeña, y necesita muchísima porque se mancha arrastrándose por el suelo o jugando con la comida, y la comida también abulta mucho, y los pañales, y además el tiempo ha estado muy revuelto, y teníamos que llevar ropa de invierno, por si hacía frío, ropa de verano por si hacía calor, y ropa de fiesta porque íbamos a un evento muy importante y ropa de repuesto para todo por si Bebé-chan decidía hacer pedorretas con la papilla en el momento más inoportuno.
Y por si no lleváramos bastantes cosas, como me daba asquito que durmiera en la cuna del hotel llevábamos nuestra propia cuna.
Y un gorrito para el sol.
Y juguetes para que no se aburriera.
Y las medicinas, el termómetro y un botiquín.
Y...
Resumiendo: para tres días llevábamos todo esto:
Y el carro.
Y la niña.
Y al Conejo Mulder.
-¿Queréis que os lleve a la estación? -se ofreció mi padre, viendo el alentador panorama.
-Si tu maletero se llena sólo con el carrito.
-Pues yo me llevo a Bebé-chan en el coche y vosotros venís corriendo detrás.
Mi padre todo lo soluciona llevándose a Bebé-chan mientras nosotros corremos detrás. Debe ser su forma de fomentar el deporte.
-Da igual, si aquí vamos en autobús estupendamente. El problema es en Barcelona, que tenemos que coger el metro sí o sí y no hay ascensor.
-Anda ya -decía mi padre-, no me puedo que creer que el metro de Barcelona no tenga ascensor.
-Pues no hay.
-Sí que hay-terció ZaraJota™.
-¿Y por qué me obligas siempre a subir y bajar todos los tramos de escaleras a pinrel vivo?
-Es que los ascensores del metro de Barcelona son... diferentes.
-Hombre, tan diferentes no serán: tendrán el botón de parriba y el botón de pabajo.
-No, no.
-Vaaaale, el botonet de parribet y el botonet de pabajet, que es que hay que ver lo tontos que os ponéis con lo del idioma...
-Que no es eso, que son muy complicados.
-Bueno, por muy complicados que sean con el carrito, la maleta, la mochila, el bolso, el Conejo Mulder y la niña no estamos para andar subiendo y bajando escaleras en cada transbordo, que es que más complicado no lo podemos tener...
Pues sí podíamos porque, para empeorar las cosas, una vez que nos subimos al ave descubrimos que nos había seguido La Niña del Espejo.
La Niña del Espejo es la muy mejor amiga de Bebé-chan y la más fiel: siempre que se asoma a un espejo ahí está esperándola.
A Bebé-chan le da mucha alegría cuando la ve, y se ríe.
La Niña del Espejo se ríe.
Bebé-chan se ríe más.
La Niña del Espejo se ríe más.
Bebé-chan se ríe mucho más.
La Niña del Espejo se ríe mucho más.
Y así hasta que tenemos que separarlas por miedo a que Bebé-chan colapse de la risa.
-Lo que nos faltaba -le dije a ZaraJota™-: ahora vamos con el carrito, la maleta, la mochila, el bolso, el Conejo Mulder y dos niñas. Tú dirás lo que quieras, pero yo cojo el ascensor sí o sí.
ZaraJota™ no dijo nada.
Lorzconsejo: cuando ZaraJota™ no diga nada, desconfiad. Dado que por lo general habla poco, lo mejor es desconfiar siempre, por si acaso.
Cuando llegamos a Barcelona y conseguimos bajar del ave con toda la impedimenta y parentela ZaraJota™ me guió hasta un cartel en la pared.
-¿Qué es esto?-le pregunté.
-Es el manual de instrucciones para el ascensor.
-Vale, yo me voy por las escaleras y nos vemos en casa de tu madre.
Continuará...
Pd. Como seguro que hay alguien que lo dice, me adelanto y lo digo yo: este en concreto no es el cartel que hay en Sans, porque allí no estaba de humor para hacer la foto. Tampoco estaba de humor cuando llegamos a Trinitat Nova y nos encontramos un cartel similar. Francamente, no recuerdo dónde hice la foto, sólo que me dolían mucho los pies.
11 junio 2013
El cuerpo hecho un cristo I
Estas últimas semanas he estado experimentando problemas técnicos, que en klingon significa "duermo menos que un Bruce Wayne, que de día está sosteniendo el palo de la escoba que tiene metido por el c*l* y de noche se pone la bata de cola y lo saca de paseo".
Entre unas cosas y otras no he contado la historia del viaje a Barcelona, ni la de los exámenes, ni cuando llevamos a Bebé-chan al médico ya no me acuerdo de porqué, ni la de cómo he conseguido un trabajo indefinido, o, lo que es lo mismo, pendiente de definir si me echan hoy, mañana, pasado...
Pensaba saltarme todas esas historias y hacer borrón y cuenta nueva, pero ZaraJota™ está empeñado en que cuente la historia una historia en concreto. Y es una historia larga, que empieza hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana... Barcelona.
Enero.
-Que mi sobrina va a hacer la comunión -me dijo un día ZaraJota™.
-¡Bien! ¡Bien!
-Es en Barcelona.
-¡Bien! ¡Bien!
-Irá toda mi familia.
-¡Bien! ¡Bien!
-Sabes que tenemos que ir, ¿verdad?
-Uy, mira, me he muerto.
-No cuela.
-¿Y si estiro la patita?
-Sigue sin colar, y deja de hacer el tonto con la pierna que te vas a romper otra vez y en urgencias empiezan a mirarme mal.
Febrero.
La cuestión es que estar en la comunión de la sobrina me apetecía mucho, pero me daba mucha pereza ir hasta allí con Bebé-chan, el carrito, la cuna de viaje y media docena de maletas para tres días.
-¿Y si nos vamos toda la semana? -propuse.
-¿Con mi madre?
-Hombre, no pongas esa cara de terror, que es tu madre.
-Pues por eso.
-¿Y si pasamos la mitad de la semana con tu madre y la otra nos vamos a un hotel a la playa? Tú. Yo. Una habitación de hotel. Mucho atraso...
-¿Y Bebé-chan?
-A Bebé-chan la dejamos atada a una farola en la puerta del hotel.
-¡De eso nada!
-¡Jooo! ¡Nunca me dejas atar a Bebé-chan a una farola!
Marzo.
-Me parece que en mayo voy a tener algún examen -le dije a ZaraJota™.
-¿En serio?
-Sí, sí, pero no te preocupes, ya sería mala suerte que fuera justo en la semana que nos vamos a la playa.
Abril.
-El examen es la semana que nos vamos a la playa.
-¡NO ME PITUFES!
-No pasa nada, no pasa nada... Es el miércoles. Nos vamos sólo media semana y ya está.
Mayo.
-Estooo... ¿ZaraJota™?
-¿Te has vuelto a pillar la lengua con la puerta de la nevera?
-No, no...
-Estoy harto de decírtelo: que sirva para guardar helado no significa que sepa a helado.
-Que no, que es otra cosa. Jajaja, te vas a reír de lo que me ha pasado.
-Mira que lo dudo.
-Verás que despiste más tonto: resulta que no era un examen sino dos, jajaja, ¿a qué es gracioso?
-No.
-Ya, bueno, tenía que intentarlo.
-¿Y cuándo es el otro examen?
-Pues verás... exactamente... ¿qué día hace tu sobrina la comunión?
Continuará...
Entre unas cosas y otras no he contado la historia del viaje a Barcelona, ni la de los exámenes, ni cuando llevamos a Bebé-chan al médico ya no me acuerdo de porqué, ni la de cómo he conseguido un trabajo indefinido, o, lo que es lo mismo, pendiente de definir si me echan hoy, mañana, pasado...
Pensaba saltarme todas esas historias y hacer borrón y cuenta nueva, pero ZaraJota™ está empeñado en que cuente la historia una historia en concreto. Y es una historia larga, que empieza hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana... Barcelona.
Enero.
-Que mi sobrina va a hacer la comunión -me dijo un día ZaraJota™.
-¡Bien! ¡Bien!
-Es en Barcelona.
-¡Bien! ¡Bien!
-Irá toda mi familia.
-¡Bien! ¡Bien!
-Sabes que tenemos que ir, ¿verdad?
-Uy, mira, me he muerto.
-No cuela.
-¿Y si estiro la patita?
-Sigue sin colar, y deja de hacer el tonto con la pierna que te vas a romper otra vez y en urgencias empiezan a mirarme mal.
Febrero.
La cuestión es que estar en la comunión de la sobrina me apetecía mucho, pero me daba mucha pereza ir hasta allí con Bebé-chan, el carrito, la cuna de viaje y media docena de maletas para tres días.
-¿Y si nos vamos toda la semana? -propuse.
-¿Con mi madre?
-Hombre, no pongas esa cara de terror, que es tu madre.
-Pues por eso.
-¿Y si pasamos la mitad de la semana con tu madre y la otra nos vamos a un hotel a la playa? Tú. Yo. Una habitación de hotel. Mucho atraso...
-¿Y Bebé-chan?
-A Bebé-chan la dejamos atada a una farola en la puerta del hotel.
-¡De eso nada!
-¡Jooo! ¡Nunca me dejas atar a Bebé-chan a una farola!
Marzo.
-Me parece que en mayo voy a tener algún examen -le dije a ZaraJota™.
-¿En serio?
-Sí, sí, pero no te preocupes, ya sería mala suerte que fuera justo en la semana que nos vamos a la playa.
Abril.
-El examen es la semana que nos vamos a la playa.
-¡NO ME PITUFES!
-No pasa nada, no pasa nada... Es el miércoles. Nos vamos sólo media semana y ya está.
Mayo.
-Estooo... ¿ZaraJota™?
-¿Te has vuelto a pillar la lengua con la puerta de la nevera?
-No, no...
-Estoy harto de decírtelo: que sirva para guardar helado no significa que sepa a helado.
-Que no, que es otra cosa. Jajaja, te vas a reír de lo que me ha pasado.
-Mira que lo dudo.
-Verás que despiste más tonto: resulta que no era un examen sino dos, jajaja, ¿a qué es gracioso?
-No.
-Ya, bueno, tenía que intentarlo.
-¿Y cuándo es el otro examen?
-Pues verás... exactamente... ¿qué día hace tu sobrina la comunión?
Continuará...
02 junio 2013
Lorzconsejo
Es un hecho universalmente conocido que para dormir un bebé lo mejor es cantarle una canción.
Pero no una cualquiera, que luego pasa lo que pasa
Pero no una cualquiera, que luego pasa lo que pasa
25 mayo 2013
HAVER K ASEMO AORA
Las últimas semanas han sido un despiporre.
Por una parte, he tenido un montón de entrevistas para el puesto "ya te llamaremos", y creo que he debido conseguir el trabajo en todas porque aquí estoy, esperando que me llamen.
Por otra, es época de preinscripciones, solicitudes y becas, y me he pasado varios días corriendo de un lado a otro para entregar impresos por triplicado y fotocopias.
Además he tenido exámenes. Un montón. Las notas todavía no han salido, y teniendo en cuenta lo mal que me ha ido más les vale no salir.
También hemos pasado por un "virus", que en klingon significa "irse por la patilla a saco a la vez que devuelves a saco y no sabes qué parte del cuerpo acercar al retrete hasta que al final decides que da lo mismo y que ya te ducharás cuando pase, si es que pasa, y si es que sobrevives".
Entre medias hemos estado en Barcelona. A ese tema tengo que dedicarle más tiempo, creo.
Y por si eso no fuera poco, el INEM ha decidido que si no encuentro trabajo es porque no quiero, y me ha metido en un programa de búsqueda de empleo activo que consiste en que cada vez que voy a una entrevista tengo que pedir un justificante y llevarlo al INEM.
-Pero, ¿las entrevistas me las buscáis vosotros o qué?
-No, no, las entrevistas las buscas tú.
-A ver si lo entiendo... Tengo que encontrar ofertas de empleo, que ya de por sí hay pocas. Tengo que conseguir que me llamen para hacer una entrevista entrevista. Y una vez que estoy allí, en lugar de centrarme en conseguir el empleo, tengo que pedir un justificante para el INEM.
-Eso es.
-¿Y no creéis que andar tocándole las narices al entrevistador puede limitar mis posibilidades de conseguir el puesto?
-Lo que pasa es que no tienes iniciativa para el empleo, espíritu proactivo y afán emprendedor.
-No, no, por suerte estoy al día de todas mis vacunas.
Pero lo que más tiempo me ha robado ha sido un curso que estoy haciendo. Tenía varias posibilidades, pero lo hice online porqueodio a la gente y pensé que así no tendría que relacionarme con nadie no tengo tiempo para ir a clase, y es una pena, con los sociable que yo soy.
Por suerte, existe el wahtsapp.
Yujú.
Y las chicas del curso pensaron que sería una buena idea crear un grupo de whatsapp.
Yujú.
De esta forma podríamos hablar entre nosotras y socializar.
Yujú.
Ahora recibo unos cincuenta mensajes diarios sólo de ese grupo, pero no me importa, porque son superinteresantes, por ejemplo:
"XIKAS, SABEIS N LA PREGUNTA 9 SI AI K PONERLO TODO LO K PREGUNTA O K?"
Yo no lo sé. Lo que sí sé es que al final del tema están las soluciones para que resuelvas todas las dudas que te puedan surgir.
"NO LO SE, LE AS PREGUNTAO A LA TUTORA"
"SI, LE MANDAO UN MENSAGE PERO NO CONTESTA"
A lo mejor es porque son las doce de la noche y está durmiendo. Los profesores es que son todos unos vagos, todo el mundo lo sabe.
"PUES NO SE, HAVER SI MAÑANA T DISE ALGO"
Os lo juro, era todo así. Continuamente. Y a medida que se acercaban los exámenes fue a peor.
"XIKAS, K ME AN DIXO QUE LOS EXAMENES SON MUY DIFICILES", decía una.
"KIEN T A DIXO ESO"
"UNA AMIGA K TIENE UNA AMIGA QUE TIENE UNA AMIGA K UNA VEZ SE CRUSO POR LA CAYE CON UNA XICA K SE AVIA PRESENTAO"
"K FUERTE, VAN A PIYAR, K ME LO HAN DIXO UN DIA QUE FUI A SECRETARIA A PREGUNTAR, K TODOS LOS AÑOS VAN A PIYAR"
Yo me imagino a la chica en cuestión, en la secretaría.
-Hola, ¿tienen hora?
-¡Van a pillar! ¡Que lo sepas! ¡Todos los años van a pillar!
"SON UNOS SINVERGENZAS, VAN A SAKARNOS EL DINERO NA MAS"
Cada asignatura cuesta 9 euros. Esto es robo a gran escala y lo demás son tonterías.
"K SI K ME LO HA DIXO MI PRIMA K TODO EL MUNDO SUSPENDE"
Y así todo.
Yo normalmente ignoraba todos los mensajes, hasta que un día no pude aguantar el ambiente de conspiranoia y decidí intervenir.
"Vamos a ver, no os dejéis llevar por el pánico. Esa gente que dice que los exámenes son muy difíciles ¿te ha explicado por qué? ¿Las preguntas son muy rebuscadas? ¿Preguntan cosas que no están en temario? ¿Puntúan a la baja?"
Después de una larga espera, recibí la respuesta.
"K SON UNOS CABRONES Y KITAN PUNTOS X LAS FALTAS DE ORTOGRAFIA"
Vale, sí, dejaos llevar por el pánico.
Por una parte, he tenido un montón de entrevistas para el puesto "ya te llamaremos", y creo que he debido conseguir el trabajo en todas porque aquí estoy, esperando que me llamen.
Por otra, es época de preinscripciones, solicitudes y becas, y me he pasado varios días corriendo de un lado a otro para entregar impresos por triplicado y fotocopias.
Además he tenido exámenes. Un montón. Las notas todavía no han salido, y teniendo en cuenta lo mal que me ha ido más les vale no salir.
También hemos pasado por un "virus", que en klingon significa "irse por la patilla a saco a la vez que devuelves a saco y no sabes qué parte del cuerpo acercar al retrete hasta que al final decides que da lo mismo y que ya te ducharás cuando pase, si es que pasa, y si es que sobrevives".
Entre medias hemos estado en Barcelona. A ese tema tengo que dedicarle más tiempo, creo.
Y por si eso no fuera poco, el INEM ha decidido que si no encuentro trabajo es porque no quiero, y me ha metido en un programa de búsqueda de empleo activo que consiste en que cada vez que voy a una entrevista tengo que pedir un justificante y llevarlo al INEM.
-Pero, ¿las entrevistas me las buscáis vosotros o qué?
-No, no, las entrevistas las buscas tú.
-A ver si lo entiendo... Tengo que encontrar ofertas de empleo, que ya de por sí hay pocas. Tengo que conseguir que me llamen para hacer una entrevista entrevista. Y una vez que estoy allí, en lugar de centrarme en conseguir el empleo, tengo que pedir un justificante para el INEM.
-Eso es.
-¿Y no creéis que andar tocándole las narices al entrevistador puede limitar mis posibilidades de conseguir el puesto?
-Lo que pasa es que no tienes iniciativa para el empleo, espíritu proactivo y afán emprendedor.
-No, no, por suerte estoy al día de todas mis vacunas.
Pero lo que más tiempo me ha robado ha sido un curso que estoy haciendo. Tenía varias posibilidades, pero lo hice online porque
Por suerte, existe el wahtsapp.
Yujú.
Y las chicas del curso pensaron que sería una buena idea crear un grupo de whatsapp.
Yujú.
De esta forma podríamos hablar entre nosotras y socializar.
Yujú.
Ahora recibo unos cincuenta mensajes diarios sólo de ese grupo, pero no me importa, porque son superinteresantes, por ejemplo:
"XIKAS, SABEIS N LA PREGUNTA 9 SI AI K PONERLO TODO LO K PREGUNTA O K?"
Yo no lo sé. Lo que sí sé es que al final del tema están las soluciones para que resuelvas todas las dudas que te puedan surgir.
"NO LO SE, LE AS PREGUNTAO A LA TUTORA"
"SI, LE MANDAO UN MENSAGE PERO NO CONTESTA"
A lo mejor es porque son las doce de la noche y está durmiendo. Los profesores es que son todos unos vagos, todo el mundo lo sabe.
"PUES NO SE, HAVER SI MAÑANA T DISE ALGO"
Os lo juro, era todo así. Continuamente. Y a medida que se acercaban los exámenes fue a peor.
"XIKAS, K ME AN DIXO QUE LOS EXAMENES SON MUY DIFICILES", decía una.
"KIEN T A DIXO ESO"
"UNA AMIGA K TIENE UNA AMIGA QUE TIENE UNA AMIGA K UNA VEZ SE CRUSO POR LA CAYE CON UNA XICA K SE AVIA PRESENTAO"
"K FUERTE, VAN A PIYAR, K ME LO HAN DIXO UN DIA QUE FUI A SECRETARIA A PREGUNTAR, K TODOS LOS AÑOS VAN A PIYAR"
Yo me imagino a la chica en cuestión, en la secretaría.
-Hola, ¿tienen hora?
-¡Van a pillar! ¡Que lo sepas! ¡Todos los años van a pillar!
"SON UNOS SINVERGENZAS, VAN A SAKARNOS EL DINERO NA MAS"
Cada asignatura cuesta 9 euros. Esto es robo a gran escala y lo demás son tonterías.
"K SI K ME LO HA DIXO MI PRIMA K TODO EL MUNDO SUSPENDE"
Y así todo.
Yo normalmente ignoraba todos los mensajes, hasta que un día no pude aguantar el ambiente de conspiranoia y decidí intervenir.
"Vamos a ver, no os dejéis llevar por el pánico. Esa gente que dice que los exámenes son muy difíciles ¿te ha explicado por qué? ¿Las preguntas son muy rebuscadas? ¿Preguntan cosas que no están en temario? ¿Puntúan a la baja?"
Después de una larga espera, recibí la respuesta.
"K SON UNOS CABRONES Y KITAN PUNTOS X LAS FALTAS DE ORTOGRAFIA"
Vale, sí, dejaos llevar por el pánico.
11 mayo 2013
Al colecho, pecho.
Acostarse con niños es un delito de colecho.
Una de las cosas en las que tienes que pensar cuando vas a tener un bebé es en cómo, dónde y cuándo va a dormir.
Es muy importante que los padres de la criatura hablen del tema y decidan juntos lo que quieren hacer, de esta forma cuando el bebé nazca y haga lo que le salga del piticlín los dos padres se sentirán igual de estúpidos. A esto se le llama "responsabilidad compartida".
ZaraJota™ y yo estuvimos barajando varias opciones. Para ser sinceros, yo barajé varias opciones y ZaraJota™ manifestaba acuerdo o disconformidad con diversos movimientos de ceja.
-La cuna no cabe en nuestra habitación. El moisés sólo le dura unos meses. Podíamos probar el colecho.
Angua, que es mi gurú de parenting, hablaba muy bien del colecho, y me daban ganas de probar.
-No, no -dijo ZaraJota™-. El colecho es cosa de políticos.
-...
-A todos los acusan de lo mismo: prevaricación y colecho.
-Creo que lo de los políticos es "cohecho".
-¿Sí? Entonces, ¿el colecho qué es?
-Acostarse con niños.
-Entonces no es cosa de políticos sino de curas.
-Vale, ¿el moisés lo pido en blanco o en rosa?
Creía que comprando el moisés ZaraJota™ se quedaría tranquilo, pues no.
Durante los dos meses que Bebé-chan durmió ahí, ZaraJota™ lo llamó insistentemente noé. Además, como Bebé-chan tenía el perolo tirando a grande, el moisés se inclinaba hacia abajo por el lado de la cabeza, por lo que acabamos poniendo un biberón lleno de agua en el extremo de los pies para hacer contrapeso.
Cuando por fin el
Volviendo al colecho, durante los primeros meses cuando la niña pedía comida la sacaba del
Hasta que se acercó el invierno.
TIII NO
TINO NINO
TINO NIII
tinonino
tinonino
tinonino
TIII NO
TINO NINO
TINO NIII
De pronto bajaron las temperaturas y me encontré a las tres de la mañana sentada en el sofá, viendo Bones con la teta al viento, pelada de frío, mientras ZaraJota™ roncaba plácidamente debajo de nuestras dos colchas nórdicas (somos muy frioleros, ¿qué pasa?). Y pensé, ¿y si en vez de dar teta aquí me siento un poquito en la cama, bien tapadita? Será sólo un momentito y luego la llevaré a la cuna.
Lo siguiente que supe es que era de día y ZaraJota™ me estaba hablando.
-Lorz, que la niña está en nuestra cama.
-¡ME DIJO QUE ERA MAYOR DE EDAD! ¡LA CULPA ES DE LAS MADRES QUE LAS VISTEN COMO P*T*S!
-No deberías dejarla aquí. ¿Y si no nos damos cuenta y le damos un golpe o la aplastamos?
-Hombre, pesa seis kilos. Tampoco es como si fuera una florecilla del campo...
-Prefiero que te la lleves a la cuna.
-Y yo prefiero que le des teta tú, y me aguanto.
Desde esa noche establecí el sistema de Colecho Fijo Discontinúo, también conocido como Teta Self-service, que consiste en que acostamos a Bebé-chan en su cuna, peeeero si en cualquier momento de la noche decide comer, la traigo a la cama, me dejo una teta fuera y cuando tenga hambre que se sirva ella misma, que dar pecho es una experiencia maravillosa pero dormir lo es aún más.
Durante los primeros meses todos estuvimos felices con el sistema:
La madre en cuestión, que soy yo, dormía mucho más.
El bebé en cuestión, que es Bebé-chan, tenía la teta presta cada vez que la necesitaba, y muchas veces no llegaba ni a despertarse para comer.
El papá en cuestión, que es ZaraJota™, abría los ojos y veía tetas.
Luego Bebé-chan empezó a moverse y descubrimos que:
1.- Es casi imposible aplastar un bebé mientras duerme. Los pequeños c*br*nc*t*s defienden su espacio con uñas y dientes.
2.- Si tu bebé se hace una bolita para dormir en su cuna, lo más probable es que duerma totalmente despatarrado en tu cama, ocupando el máximo de espacio posible.
3.- Un bebé dormido puede caerse de su cama, pero nunca de la tuya, porque eso implicaría dejarte más espacio a ti Y DE ESO NADA.
4.- El bebé puede decidir que abrazar la almohada es mejor que abrazar a mamá, ocupando aún más espacio si cabe.
5.- Si el bebé necesita más espacio, patadas, bofetadas y arañazos son perfectamente admisibles. Si fuera al contrario los Servicios Sociales intervendrían.
6.- Si el bebé, que lleva un body y un pijama de franela, siente calor, es perfectamente capaz de retirar dos fundas nórdicas, dejando la teta de mamá al viento toda la noche. Cualquier intento de volver a taparse es totalmente inútil.
7.- La madre tiende a dormir pegada al bebé. El padre tiende a alejarse lo más posible. El resultado es que con frecuencia la mitad de la cama está vacía, en la otra mitad duermen la madre y el bebé, y el padre duerme colgando de un lado, aferrado al travesaño como Spiderman.
8.- Si mamá duerme con la boca abierta, el bebé siente la imperiosa necesidad de meter la mano dentro.
9.- Los bebés hablan en sueños. MUY ALTO. Y se ríen, muy alto también.
-¿No te hace feliz que sea feliz? -le preguntaba yo a ZaraJota™ cada vez que a Bebé-chan le daba un ataque de risa en mitad de la noche.
ZaraJota™ se daba la vuelta y se tapaba la cabeza con la almohada.
-¡Pues el que calla asiente!
10.- No hay felicidad más grande que despertarse en mitad de la noche y encontrarse rodeado por papá y mamá, y nada expresa mejor la felicidad que patalear como si estuvieras poseído.
Pd: Para más información, Kamasutra del colecho. (Gracias Adrag por en enlace).
04 mayo 2013
Día de la madre 2013
Que os veo venir.
"Que el día de la madre es mañana."
Muy bonito, contestando a una madre.
¿A una madre le vais a decir cuando es el día de la madre?
¿Eh? ¿Eh?
El día de la madre es cuando las madres dicen.
Que para eso somos madres.
Y cuando seáis madres, comeréis huevos, lo que en klingon significa que se acabó y punto y como vaya para allá con la zapatilla sus vais a enterar.
Ser madre es:
Encontrarse pegotes de diferentes fluidos humanos en el pelo, en la cara, en la ropa.
Que todos los coitus sean interruptus.
Salir de casa con tanta prisa que te paras en mitad de la acera a revisar que te has acordado de ponerte pantalones.
Ir a comprar los zapatos que tú necesitas y volver con los que Bebé-chan no necesita, porque mira que monos que son.
Elegir restaurante en función de si tienen cambiador y cómo es.
Cargar con el carro a pulso tres tramos de escaleras para coger el metro sólo para darte cuenta de que estás en el andén equivocado. Volver a subir el carro a pulso. Repetir.
Salir de la ducha empapada y con jabón en el pelo porque te parece que quizá a lo mejor has oído algo que se parece remotamente al llanto.
Descubrir que de pronto cuando llaman por teléfono y preguntan por "la niña" ya no eres tú.
Empaparte cada vez que llueve porque o empujas el carrito o sujetas el paraguas, pero las dos cosas como que no.
Cantar Susanita tiene un ratón trescientas veces al día. Cantarla con la a. Con la e. Con la i. con la o. Con la u. Cantarla con ritmo country. Cantarla en balleno. Cantarla dormida. Cantarla mientras vas sola por la calle. Planear mil formas de torturar y asesinar a la p*t* Susanita y el c*br*n del ratón.
Convertir "ajo" en tu palabra favorita y repetirla unas mil veces al día, con diferentes entonaciones.
Quitar un pañal sucio, que Bebé-chan aproveche para hacerse pis, y cuando la has cambiado de arriba a abajo que vomite y haya que volver a empezar.
Enviar mensajes de móvil en los que pone lhghfvljhcfo.
Inventarte una canción para cada función corporal, por ejemplo:
Estoy oyendo tus ruiditos de giñar
Y estoy oliendo tu perfume embriagador
Te cambiaré
Te cambiaré
Porque esto ya no se puede aguantar
Imaginarte que "nguee" significa "mamá" y "bububu", "papá". Que, pasados unos meses, la muy traidora sólo diga "papá". Esperar con ilusión que "mamá" sea su segunda palabra, para encontrarte con que prefiere "cocó". Pasarte el día oyendo "papá, cocó" mientras te acuerdas en su madre, porque lo que es ella no se va a acordar.
Hacer tus necesidades con la puerta del baño abierta y cantando "Hola don Pepito" para que sepa que no la has dejado sola. Repetir hasta que cuando oigas la canción sientas la inmediata necesidad de ir al baño.
Tomarte el almuerzo frío para que Bebé-chan se lo tome caliente. No tomarse la cena porque te duermes sobre la encimera de la cocina. No tomarte el desayuno porque la cena sigue en el microondas y no tienes fuerzas ni para sacarla de ahí.
Pasarte la vida esterilizando biberones a sabiendas de que, cuando no miras, Bebé-chan está chupando las ruedas del carrito.
No ser capaz de vivir sin un paquete de toallitas húmedas al alcance de la mano. Tener un paquete de toallitas abierto en cada habitación, además de uno en el cambiador, otro sobre la mesa, y otro debajo de la almohada.
Asumir que merendar media mandarina implica fregar el suelo, cambiar la funda del sofá, una muda limpia y un concienzudo lavado de pelo.
Acordarte del nombre del Poni Penny, la Abeja Pelleja, la Mariposa Golosa, la Libélula Crédula, la Araña Ramón, la Flor Amor, la Jirafa Rafa, el Conejo Mulder y el Conejo Scully... y cuando crees que tu memoria no da más de sí, que el bebé empiece a jugar en la bañera, y tener que añadir a la Rana Montana, la Mariquita Bonita, el Abejorro Pedorro....
Ser madre es...
Ser madre es lo mejor que me ha pasado nunca.
Lo siento, ZaraJota™, has bajado al tercer puesto, justo detrás del e-book.
26 abril 2013
Gran reserva. Epílogo
Cuando ya estábamos de vuelta en Madrid, Bebé-chan volvió a la guardería.
-¿Qué tal os ha ido en el pueblo?-preguntó la seño.
-Bueno...
Si tenéis o habéis tenido un bebé ya sabéis que la rutina es el P*T* AMO.
Los bebés encuentran consuelo y seguridad en la repetición de los hábitos de la vida diaria: comer, dormir, bañarse... todo a la misma hora, en el mismo sitio y con los mismos instrumentos.
Cuando los sacas de la rutina se ponen más nerviosos que un hámster con la jaula limpia.
Eso no quiere decir que no se lo pasen bien durante el día: sólo que se van a poner de los nervios por la noche, que es mejor momento.
Yujú.
Además los bebés absorben las emociones de su alrededor. Si estás estresada, ten por seguro que tu bebé lo va a estar. Si estás relajada, coges al bebé en brazos y se queda sobado mirándote.
En el pueblo Bebé-chan estuvo muy bien, pero si mezclamos la salida de la rutina, que hizo poco ejercicio, y el estrés de la situación... digamos que el resultado fue lo que los mejores pediatras del mundo denominan "síndrome de cagada la hemos, Luke". Bueno, en realidad, no, pero molarían mucho más si lo hicieran.
A la vuelta Bebé-chan y yo estábamos con los nervios tiesos.
-Bueno -le dije a la seño-, si hoy la puedes dejar descansar un poco, mejor.
La seño le ha preparado a Bebé-chan una Programación Didáctica que ríete tú de los entrenamientos del equipo nacional de natación sincronizada: hacen psicomotricidad, pilates, juegos... de todo. Y Bebé-chan, encantada. Para mí el único problema es que cuando no va a la guarde demanda el mismo ritmo de actividad y yo no estoy para estos trotes.
-Haré lo que pueda.
-Verás, es que se ha pasado los cuatro días casi sin poder jugar, y el ambiente no ha sido el más adecuado...
-Mujer, no pasa nada. Los niños se acostumbran a todo.
-Tú no conoces a mi familia: nadie se acostumbra a eso nunca, cómo mucho aprendes a sobrevivir como George en la Jungla. Y este viaje no ha sido de placer, teníamos que arreglar cosas. Cosas desagradables. Y Bebé-chan ha estado ahí, en medio de todo...
-Vaya, lo siento.
-La verdad es que ha sido todo un poco traumático.
-¿Para ella o para ti?
-Mujer, no pasa nada. Los niños se acostumbran a todo.
-Tú no conoces a mi familia: nadie se acostumbra a eso nunca, cómo mucho aprendes a sobrevivir como George en la Jungla. Y este viaje no ha sido de placer, teníamos que arreglar cosas. Cosas desagradables. Y Bebé-chan ha estado ahí, en medio de todo...
-Vaya, lo siento.
-La verdad es que ha sido todo un poco traumático.
-¿Para ella o para ti?
-¡NECESITO UN ABRACITOOOO!
22 abril 2013
Día del libro 2013
Cuando estaba embarazada de cinco meses se me inundó la casa y me puse a mover muebles como una loca para evitar que se mojaran. En medio del frenesí cartero del Titanic me apañé para hacerme mucha pupa en una rodilla.
Mucha, mucha, mucha.
El médico me dijo que, al estar embarazada, no podía recetarme nada más que reposo absoluto.
Y por supuesto, no le hice ni torta caso.
Cuando estaba más o menos de siete meses el obstetra me dijo que Bebé-chan tenía un nosequé en el nosecuántos, y que o me relajaba yo o me relajaban los señores de la bata blanca en el hospital.
Para entonces pesaba unos trescientos kilos, Madrid estaba pasando la tercera o la cuarta ola de calor, y no me quedó más remedio que empezar a pasar al menos una parte del día tirada en la cama.
Más o menos por entonces mi madre me regaló el libro Cómo no ser una drama mamá.
El regalo iba con retintín, como sólo una madre puede hacerlo.
El mensaje explícito del regalo, como ella misma dijo, era:
- Para que veas que todas las madres acabamos haciendo lo mismo.
El mensaje implícito era:
"Ahora que vas a ser madre comprenderás lo que he tenido que pasar".
Y llevaba corolario:
"Si crees que vas a ser mejor madre que yo, vas de culo".
¡LLevaba incluso puntilla!:
"Te voy a estar vigilando. Puede que tarde meses. Puede que tarde años. Pero al final cometerás un error y todo el mundo sabrá que YO TENÍA RAZÓN".
Razón así, en general, como concepto. No os vayáis a creer que era por nada en concreto.
Las madres somos así. Queremos que nos den la razón incluso cuando no hemos dicho nada.
Total, que como no tenía nada mejor que hacer me empecé el libro sin mucho convencimiento. Me gustó tanto que me lo leí en dos tardes... y habría tardado menos si no fuera porque a veces me reía tanto que se me caía, y al menos una vez ZaraJota™ me lo confiscó.
-Esto no puede ser bueno- me dijo-. ¡Que la niña va a salirnos centrifugada!
La cuestión es que, a pesar de las risas, no se me sentí nada identificada. Mi madre no dice cosas como esas (por suerte). Peeeeero dice otras cosas.
Y siempre me he reído de ella por decirlas.
Y siempre me juré que no las diría.
Y ahora que soy madre, adivinad qué: las digo.
Peor aún: empecé a decirlas antes de ser madre, prácticamente desde el primer día de convivencia con ZaraJota™, probablemente porque no hay nada más maternal que doblarle los calzoncillos a otra persona.
Pues eso. Que como hoy es el día del libro, voy a hacer un homenaje al libro que más me ha hecho reír en e último año recopilando las cosas que dice mi madre y que para mi desgracia estoy repitiendo.
Aquí huele a cachorrito.
Cuando éramos pequeños y llegaba la hora del baño, mi madre asomaba a nuestra habitación y decía:
-Venga, al baño, que aquí huele a cachorrito.
En algún momento de la adolescencia la frase evolucionó a:
-A bañarse ya, ¿eh? Que aquí huele a choto.
Todavía sigo sin saber
a) qué es un choto
b) cuándo ha tenido mi madre la oportunidad de oler uno
c) por qué no puede decir, simplemente, "a bañarse ya" y tiene que añadir el comentario zoológico.
"Bebé-chan huele a cachorrito" fue una de las primeras cosas de mi madre que empecé a repetir.
Cuando empezó a comer sólidos la frase evolucionó a "aquí huele a mierda que echa de espaldas".
¿Esto es limpio o sucio?
Tú estás en tu habitación tan feliz. Tu madre entra y no te alteras: crees que está todo en estado de revista.
Pues te equivocas.
Porque las madres tienen una supervista y un superolfato y unas superganas de tenerlo todo escamondao.
Mi madre era capaz de detectar un calcetín debajo de una cómoda. Lo sacaba, lo cogía con la punta de los dedos y estiraba el brazo, como si fuera tóxico, y decía:
-¿Esto es limpio o sucio? Porque como lo tienes aquí tirado, echo un gurruño, vete tú a saber. Que es que yo no sé para qué plancho, si luego lo metes en el armario de cualquier manera.
Porque mi madre plancha los calcetines. Y los trapos de cocina. Y las bragas. Los tangas no, a ver si os pensáis que está loca.
Yo nunca he usado esa frase con Bebé-chan, porque es muy pequeña y total, no me iba a contestar.
Con ZaraJota™ sí que la uso, más o menos un día de cada dos. Es que es un poco desordenado, el chaval.
¿A una madre?
Esta es una frase comodín para cuando hacemos/decimos algo que no le gusta.
-¿A una madre le vas a contestar?
-¿A una madre le vas a decir tonta?
-¿A una madre le vas a dar una patada?
Con el tiempo la frase quedó reducida.
-¿A un madre? -decía, simplemente.
Mi versión es
-¿A mamá se le muerde? -pregunto. Bebé-chan sigue mordiéndome-. Lo tomaré como un sí.
¿Esa mierdicroqueta me vas a dejar?
Ni se te ocurra dejar una croqueta.
Hacer el favor de comeros eso ahora mismo.
Los restos mortales.
Si tienes cinco personas a comer y haces comida como para cincuenta, sorprendente pero cierto, suele ocurrir que sobre comida.
Si además, en vez de hacer plato único, haces un poco de cocido, un poco de ensalada, un poco de embutido, un poco de empanadillas, lo normal es que sobre un poco de todo.
Eso a mi madre le sienta fatal.
La pelea suele empezar en la mesa, cuando ve el panorama desolador.
-¿Esa mierdicroqueta me vas a dejar? -me pregunta. No tengo ni idea de por qué me pregunta a mí, si a mí no me gustan las croquetas y si alguna vez me como alguna es por educación-. Ni se te ocurra dejarme una croqueta, que luego tengo la nevera de restitos, un platito de esto, un platito de aquello... todo lleno de restos mortales que no sirven para nada. Ahora mismo te comes esa croqueta, hombre.
Cuando me fui a vivir con ZaraJota™ tuve una brillante idea: si el domingo cocinaba el doble de cantidad, ya tenía la comida del lunes apañada. Me equivoqué. Lo único que conseguía es que sobrara una mierdicroqueta.
Un día de estos revientas.
Esta frase es de mi abuela y la incluyo porque es el caso opuesto a la anterior.
A mi abuelo le gustaba comer. A lo grande. Podía comerse tres platos de cocido con una barra de pan mojada en sopas, y luego no necesitaba ni siesta ni nada. Lo que sí necesitaba era rematar la comida con una manzana.
-¿Una manzana te vas a comer ahora?-preguntaba/gritaba mi abuela.
-Sí mujer.
-¿Es que no has comido bastante?
-¿Qué pasa, no me puedo comer una manzana?
-Por mí, haz lo que quieras, pero que sepas que un día de estos revientas. Y si crees que me va a importar, vas apañao, porque pienso irme con el inserso de juerga toldía. Pues anda que no se ponen guapas las viudas cuando se libran de los maridos...
Mi abuela remataba el discurso cogiendo la manzana, lanzándola con violencia sobre el frutero, agarrando el frutero y llevándoselo a la cocina sin parar de rezongar.
En cuanto la abuela salía del comedor, el abuelo, que había aguantado el chaparrón sin inmutarse, se giraba hacia mí, que siempre me sentaba a su lado.
-Niña, ve a la cocina y tráeme una manzana, pero que no te vea tu abuela, ¿eh? Y si te ve dile que es para ti.
Esto se repetía en cada comida familiar, para regocijo generalizado, porque si bien todos estábamos de acuerdo en que el abuelo comía demasiado, no acabábamos de entender que la abuela le dejara comerse tres platos de cocido sin rechistar y montara el número por una mísera manzana.
Con los años he también he creado mi propia versión:
ZaraJota™ llega a casa del trabajo con cara de lástima.
-Tengo gusita -dice.
-¿Te hago algo para merendar?
-No, no, ya me hago algo yo.
Entonces se corta una triste y miserable rodaja de fuet.
-¿Esa mierdimerienda te vas a hacer?
-Sí...
- Pues ten cuidado, no vayas a reventar... Y si crees que me va a importar, vas apañao, porque pienso irme con el inserso de juerga toldía. Pues anda que no se ponen guapas las viudas cuando se libran de los maridos...
A estas alturas ZaraJota™ todavía se está preguntando qué tendrá que ver el fuet con el inserso.
Te voy a cambiar por dos de quince
Esta frase es de mi padre.
Cuando mi madre tenía treinta, si mi padre se enfurruñaba con ella le decía:
-¡Te voy a cambiar por dos de quince!
Con los años, mi padre ha ido actualizando la frase, hasta llegar a:
-¡Te voy a cambiar por dos de veinticinco!
A lo que mi madre contesta:
-¡Si hombre! ¿Tú, con dos de veinticinco? Pues anda que nos son largas las de veinticinco de hoy en día. Te iban a dar más vueltas que a un tonto.
-Uy, uy, tienes razón, que yo con mi rodilla chunga ya no estoy para esos trotes.
Ahora cuando Bebé-chan se hace caca, le digo.
-Te voy a cambiar... ¡por dos de tres meses!- y luego añado-. Uy, quita, quita, que pereza...
Es mi vida, flas, flas.
Esta tiene mérito, porque no es una frase que mi madre me haya pegado a mí, sino al contrario.
Cuando todavía vivíamos todos en casa, y teníamos turnos de trabajo, clase y gimnasio diferentes, mi madre se volvía loca para programar las comidas.
-Hoy voy a hacer paella -anunciaba-. ¿Quién va a venir a comer?
Hermano Mediano y yo decíamos que sí, que no, o todo lo contrario. Hermano Pequeño no decía nada.
-Y tú, ¿qué? -preguntaba mi madre.
Hermano Pequeño suspiraba, ponía los ojos en blanco y se iba de la habitación agitando la lustrosa melenita, flas, flas.
-¿Eso es que sí o que no?- insistía mi madre.
-No sé, mamá, no sé...
-Hombre, tan difícil no será saberlo.
-¡Ya me estás controlando la vida!
-¡Si yo lo único que controlo es que el arroz no se pase!
Con el tiempo mi madre dejó de preguntarle a Hermano Pequeño y empezó a preguntarme a mí.
-¿Sabes si tu hermano viene a comer?
-Es mi vida -constestaba yo, poniendo los ojos en blanco-, flas, flas -añadía, meneando mi lustrosa melenita.
Con el tiempo mi madre interiorizó la frase de tal manera que cuando le digo a Bebé-chan, por ejemplo:
-¿Te vas a dormir o qué?
Mi madre contesta por ella:
-Es mi vida, mamá, flas, flas.
Sois todos mutontos.
Que tontos son mis hijos.
Mis hijos es que hay que ver los tontos que son.
Estas frases son muy buenas para fomentar nuestra autoestima y además valen para todo.
Imagina que tienes lumbago y tus hijos aprovechan que estás tumbada y sin poder moverte para pintarte cosas en las piernas con rotulador indeleble.
-Sois todos mutontos.
Imagina que estás viendo Gladiator y tus hijos usan el móvil para grabarte roncando.
-Que tontos son mis hijos.
Imagina que tu hija tiene un blog y lo usa para reírse de ti:
Mandar un guasap al grupo "familia":
"Mis hijos hay que ver lo tontos que son".
Acto seguido Hermano Pequeño me manda otro guasap a mí sola:
"¿Qué has escrito ahora?".
Y así todo.
Yo nunca le digo a Bebé-chan que es mutonta, porque eso es malo para su autoestima. A quién si se lo digo es a ZaraJota™, porque total, su autoestima ya no tiene remedio.
-Tu papá es un poco tonto.
-¡No le digas eso! -protesta ZaraJota™.
-Si no se entera...
Hace unos días Bebé-chan estaba entusiasmada diciendo papá:
-Pa-pa, PA, pa... papapa, pA, pa-pa -y de pronto, añadió- TO TO -y luego lo repitió, por si no nos había quedado claro-: pa-pá to-to.
Otra que está condenada a repetir las frases de su madre.
Pd: Que sí, que sí, que el día del libro es mañana, que le he dado a publicar en vez de a guardar otra vez.
Lo que pasa es que esta vez, en lugar de borrarlo como si fuera el community manager de un político cualquiera, lo he dejado. ¡Si hasta he confesado y todo!:
Mucha, mucha, mucha.
El médico me dijo que, al estar embarazada, no podía recetarme nada más que reposo absoluto.
Y por supuesto, no le hice ni torta caso.
Cuando estaba más o menos de siete meses el obstetra me dijo que Bebé-chan tenía un nosequé en el nosecuántos, y que o me relajaba yo o me relajaban los señores de la bata blanca en el hospital.
Para entonces pesaba unos trescientos kilos, Madrid estaba pasando la tercera o la cuarta ola de calor, y no me quedó más remedio que empezar a pasar al menos una parte del día tirada en la cama.
Más o menos por entonces mi madre me regaló el libro Cómo no ser una drama mamá.
El regalo iba con retintín, como sólo una madre puede hacerlo.
El mensaje explícito del regalo, como ella misma dijo, era:
- Para que veas que todas las madres acabamos haciendo lo mismo.
El mensaje implícito era:
"Ahora que vas a ser madre comprenderás lo que he tenido que pasar".
Y llevaba corolario:
"Si crees que vas a ser mejor madre que yo, vas de culo".
¡LLevaba incluso puntilla!:
"Te voy a estar vigilando. Puede que tarde meses. Puede que tarde años. Pero al final cometerás un error y todo el mundo sabrá que YO TENÍA RAZÓN".
Razón así, en general, como concepto. No os vayáis a creer que era por nada en concreto.
Las madres somos así. Queremos que nos den la razón incluso cuando no hemos dicho nada.
Total, que como no tenía nada mejor que hacer me empecé el libro sin mucho convencimiento. Me gustó tanto que me lo leí en dos tardes... y habría tardado menos si no fuera porque a veces me reía tanto que se me caía, y al menos una vez ZaraJota™ me lo confiscó.
-Esto no puede ser bueno- me dijo-. ¡Que la niña va a salirnos centrifugada!
La cuestión es que, a pesar de las risas, no se me sentí nada identificada. Mi madre no dice cosas como esas (por suerte). Peeeeero dice otras cosas.
Y siempre me he reído de ella por decirlas.
Y siempre me juré que no las diría.
Y ahora que soy madre, adivinad qué: las digo.
Peor aún: empecé a decirlas antes de ser madre, prácticamente desde el primer día de convivencia con ZaraJota™, probablemente porque no hay nada más maternal que doblarle los calzoncillos a otra persona.
Pues eso. Que como hoy es el día del libro, voy a hacer un homenaje al libro que más me ha hecho reír en e último año recopilando las cosas que dice mi madre y que para mi desgracia estoy repitiendo.
Aquí huele a cachorrito.
Cuando éramos pequeños y llegaba la hora del baño, mi madre asomaba a nuestra habitación y decía:
-Venga, al baño, que aquí huele a cachorrito.
En algún momento de la adolescencia la frase evolucionó a:
-A bañarse ya, ¿eh? Que aquí huele a choto.
Todavía sigo sin saber
a) qué es un choto
b) cuándo ha tenido mi madre la oportunidad de oler uno
c) por qué no puede decir, simplemente, "a bañarse ya" y tiene que añadir el comentario zoológico.
"Bebé-chan huele a cachorrito" fue una de las primeras cosas de mi madre que empecé a repetir.
Cuando empezó a comer sólidos la frase evolucionó a "aquí huele a mierda que echa de espaldas".
¿Esto es limpio o sucio?
Tú estás en tu habitación tan feliz. Tu madre entra y no te alteras: crees que está todo en estado de revista.
Pues te equivocas.
Porque las madres tienen una supervista y un superolfato y unas superganas de tenerlo todo escamondao.
Mi madre era capaz de detectar un calcetín debajo de una cómoda. Lo sacaba, lo cogía con la punta de los dedos y estiraba el brazo, como si fuera tóxico, y decía:
-¿Esto es limpio o sucio? Porque como lo tienes aquí tirado, echo un gurruño, vete tú a saber. Que es que yo no sé para qué plancho, si luego lo metes en el armario de cualquier manera.
Porque mi madre plancha los calcetines. Y los trapos de cocina. Y las bragas. Los tangas no, a ver si os pensáis que está loca.
Yo nunca he usado esa frase con Bebé-chan, porque es muy pequeña y total, no me iba a contestar.
Con ZaraJota™ sí que la uso, más o menos un día de cada dos. Es que es un poco desordenado, el chaval.
¿A una madre?
Esta es una frase comodín para cuando hacemos/decimos algo que no le gusta.
-¿A una madre le vas a contestar?
-¿A una madre le vas a decir tonta?
-¿A una madre le vas a dar una patada?
Con el tiempo la frase quedó reducida.
-¿A un madre? -decía, simplemente.
Mi versión es
-¿A mamá se le muerde? -pregunto. Bebé-chan sigue mordiéndome-. Lo tomaré como un sí.
¿Esa mierdicroqueta me vas a dejar?
Ni se te ocurra dejar una croqueta.
Hacer el favor de comeros eso ahora mismo.
Los restos mortales.
Si tienes cinco personas a comer y haces comida como para cincuenta, sorprendente pero cierto, suele ocurrir que sobre comida.
Si además, en vez de hacer plato único, haces un poco de cocido, un poco de ensalada, un poco de embutido, un poco de empanadillas, lo normal es que sobre un poco de todo.
Eso a mi madre le sienta fatal.
La pelea suele empezar en la mesa, cuando ve el panorama desolador.
-¿Esa mierdicroqueta me vas a dejar? -me pregunta. No tengo ni idea de por qué me pregunta a mí, si a mí no me gustan las croquetas y si alguna vez me como alguna es por educación-. Ni se te ocurra dejarme una croqueta, que luego tengo la nevera de restitos, un platito de esto, un platito de aquello... todo lleno de restos mortales que no sirven para nada. Ahora mismo te comes esa croqueta, hombre.
Cuando me fui a vivir con ZaraJota™ tuve una brillante idea: si el domingo cocinaba el doble de cantidad, ya tenía la comida del lunes apañada. Me equivoqué. Lo único que conseguía es que sobrara una mierdicroqueta.
Un día de estos revientas.
Esta frase es de mi abuela y la incluyo porque es el caso opuesto a la anterior.
A mi abuelo le gustaba comer. A lo grande. Podía comerse tres platos de cocido con una barra de pan mojada en sopas, y luego no necesitaba ni siesta ni nada. Lo que sí necesitaba era rematar la comida con una manzana.
-¿Una manzana te vas a comer ahora?-preguntaba/gritaba mi abuela.
-Sí mujer.
-¿Es que no has comido bastante?
-¿Qué pasa, no me puedo comer una manzana?
-Por mí, haz lo que quieras, pero que sepas que un día de estos revientas. Y si crees que me va a importar, vas apañao, porque pienso irme con el inserso de juerga toldía. Pues anda que no se ponen guapas las viudas cuando se libran de los maridos...
Mi abuela remataba el discurso cogiendo la manzana, lanzándola con violencia sobre el frutero, agarrando el frutero y llevándoselo a la cocina sin parar de rezongar.
En cuanto la abuela salía del comedor, el abuelo, que había aguantado el chaparrón sin inmutarse, se giraba hacia mí, que siempre me sentaba a su lado.
-Niña, ve a la cocina y tráeme una manzana, pero que no te vea tu abuela, ¿eh? Y si te ve dile que es para ti.
Esto se repetía en cada comida familiar, para regocijo generalizado, porque si bien todos estábamos de acuerdo en que el abuelo comía demasiado, no acabábamos de entender que la abuela le dejara comerse tres platos de cocido sin rechistar y montara el número por una mísera manzana.
Con los años he también he creado mi propia versión:
ZaraJota™ llega a casa del trabajo con cara de lástima.
-Tengo gusita -dice.
-¿Te hago algo para merendar?
-No, no, ya me hago algo yo.
Entonces se corta una triste y miserable rodaja de fuet.
-¿Esa mierdimerienda te vas a hacer?
-Sí...
- Pues ten cuidado, no vayas a reventar... Y si crees que me va a importar, vas apañao, porque pienso irme con el inserso de juerga toldía. Pues anda que no se ponen guapas las viudas cuando se libran de los maridos...
A estas alturas ZaraJota™ todavía se está preguntando qué tendrá que ver el fuet con el inserso.
Te voy a cambiar por dos de quince
Esta frase es de mi padre.
Cuando mi madre tenía treinta, si mi padre se enfurruñaba con ella le decía:
-¡Te voy a cambiar por dos de quince!
Con los años, mi padre ha ido actualizando la frase, hasta llegar a:
-¡Te voy a cambiar por dos de veinticinco!
A lo que mi madre contesta:
-¡Si hombre! ¿Tú, con dos de veinticinco? Pues anda que nos son largas las de veinticinco de hoy en día. Te iban a dar más vueltas que a un tonto.
-Uy, uy, tienes razón, que yo con mi rodilla chunga ya no estoy para esos trotes.
Ahora cuando Bebé-chan se hace caca, le digo.
-Te voy a cambiar... ¡por dos de tres meses!- y luego añado-. Uy, quita, quita, que pereza...
Es mi vida, flas, flas.
Esta tiene mérito, porque no es una frase que mi madre me haya pegado a mí, sino al contrario.
Cuando todavía vivíamos todos en casa, y teníamos turnos de trabajo, clase y gimnasio diferentes, mi madre se volvía loca para programar las comidas.
-Hoy voy a hacer paella -anunciaba-. ¿Quién va a venir a comer?
Hermano Mediano y yo decíamos que sí, que no, o todo lo contrario. Hermano Pequeño no decía nada.
-Y tú, ¿qué? -preguntaba mi madre.
Hermano Pequeño suspiraba, ponía los ojos en blanco y se iba de la habitación agitando la lustrosa melenita, flas, flas.
-¿Eso es que sí o que no?- insistía mi madre.
-No sé, mamá, no sé...
-Hombre, tan difícil no será saberlo.
-¡Ya me estás controlando la vida!
-¡Si yo lo único que controlo es que el arroz no se pase!
Con el tiempo mi madre dejó de preguntarle a Hermano Pequeño y empezó a preguntarme a mí.
-¿Sabes si tu hermano viene a comer?
-Es mi vida -constestaba yo, poniendo los ojos en blanco-, flas, flas -añadía, meneando mi lustrosa melenita.
Con el tiempo mi madre interiorizó la frase de tal manera que cuando le digo a Bebé-chan, por ejemplo:
-¿Te vas a dormir o qué?
Mi madre contesta por ella:
-Es mi vida, mamá, flas, flas.
Sois todos mutontos.
Que tontos son mis hijos.
Mis hijos es que hay que ver los tontos que son.
Estas frases son muy buenas para fomentar nuestra autoestima y además valen para todo.
Imagina que tienes lumbago y tus hijos aprovechan que estás tumbada y sin poder moverte para pintarte cosas en las piernas con rotulador indeleble.
-Sois todos mutontos.
Imagina que estás viendo Gladiator y tus hijos usan el móvil para grabarte roncando.
-Que tontos son mis hijos.
Imagina que tu hija tiene un blog y lo usa para reírse de ti:
Mandar un guasap al grupo "familia":
"Mis hijos hay que ver lo tontos que son".
Acto seguido Hermano Pequeño me manda otro guasap a mí sola:
"¿Qué has escrito ahora?".
Y así todo.
Yo nunca le digo a Bebé-chan que es mutonta, porque eso es malo para su autoestima. A quién si se lo digo es a ZaraJota™, porque total, su autoestima ya no tiene remedio.
-Tu papá es un poco tonto.
-¡No le digas eso! -protesta ZaraJota™.
-Si no se entera...
Hace unos días Bebé-chan estaba entusiasmada diciendo papá:
-Pa-pa, PA, pa... papapa, pA, pa-pa -y de pronto, añadió- TO TO -y luego lo repitió, por si no nos había quedado claro-: pa-pá to-to.
Otra que está condenada a repetir las frases de su madre.
Pd: Que sí, que sí, que el día del libro es mañana, que le he dado a publicar en vez de a guardar otra vez.
Lo que pasa es que esta vez, en lugar de borrarlo como si fuera el community manager de un político cualquiera, lo he dejado. ¡Si hasta he confesado y todo!:
Le he dado a actualizar sin querer antes de tiempo (T_T)Día del libro 2013 lorzagirl.blogspot.com/2013/04/dia-de…
— Lorza Girl (@lorzagirl) 22 de abril de 2013
19 abril 2013
Gran Reserva VIII y ya
Previously in Lorz...
Esto es más largo que el día ese del año en el que se atrasa la hora y tú ves que no anochece y piensas, "pues será temprano", y miras el reloj y no es temprano y encima mañana hay que ir a trabajar y te da una pereza que te mueres.
Mi padre tiene un problema de puntualidad, en concreto, de exceso de la misma.
En realidad no, porque la puntualidad consiste en llegar justo a la hora acordada, mientras que lo que hace mi padre es llegar tres horas antes, y si puede se queda a dormir en la puerta toda la noche para estar el primero, bien tempranito.
Cuando estaba embarazada mi padre me llevaba a hacerme todas las ecografías, análisis y pruebas, y me llevaba tan pronto que a veces nos encontramos el centro médico cerrado, y nos íbamos a desayunar para hacer tiempo... sólo que por lo general yo no podía desayunar porque tenía que hacerme alguna prueba en ayunas, así que le miraba desayunar. Os podéis imaginar la ilusión que me hacía.
Este afán madrugador tiene algún sentido cuando vas al médico, pero lo tiene menos cuando vamos a comer a su casa. Si quedas a las dos, y a las dos menos un minuto no has llegado, te llama.
-¿Dónde andas? -pregunta.
-En el portal de tu casa.
-¿Y por qué no subes?
-Porque me estás llamando al móvil y en el ascensor no hay cobertura.
Después de muchas protestas, conseguimos que dejara de llamarnos. Ahora lo que hace es decirle a mi madre que nos llame.
-Llama a la niña, que son las dos menos veinte y no ha venido.
-Estará de camino.
-A ver si le ha pasado algo, llámala.
-Llámala tú, no ves...
Al final mi madre me llama.
-Filla -mi madre sólo me llama filla cuando sabe que va a decir algo que me va a tocar las narices-. ¿Venís o qué?
-Ya vamos, ya vamos, que hemos quedado a las dos y no son todavía.
-¡HA SIDO TU PADRE!
Con los viajes mi padre entra en punto crítico.
-¿A qué hora salimos? -le pregunto.
-Sobre las ocho.
-O sea: a las siete y media.
-No, mujer, no seas exagerada...sobre las ocho o así.
Al día siguiente a las siete y media está mi padre llamando al telefonillo.
-Pues ahora te esperas que no estoy preparada.
-¿Cómo que no? ¡Si te dije a las ocho!
-¡Pero es que son las siete y media!
-Ya, pero entre que salimos de Madrid y nos metemos en la autovía...
Ah, vale. Que a las ocho salimos del país, no de mi casa. Haberlo aclarado, hombre.
Para ser sincera, al principio mi padre se comportó muy bien.
Antes de irnos le expliqué que la niña tenía sus normas, sus rutinas y sus necesidades, que no entiende de horas ni de autovías y que la única forma de que mantenerla tranquila era manteniéndonos tranquilos los demás. Es decir: que una cosa es ir deprisa y otra ir con prisas, y con un bebé se tiene la una o la otra, pero ambas no porque son mutuamente excluyentes.
El viaje de ida fue muy tranquilo.Salimos muy bien. Cuando Bebé-chan tuvo hambre paramos a desayunar, y mi padre esperó pacientemente a que Bebé-chan se acabara el biberón, estuviera limpia, jugara un ratito para desentumecer el cuerpecillo. Mi padre se mantuvo impasible el ademán, aunque cualquiera que lo conozca se habría dado cuenta de que le picaba el asiento.
A la vuelta anunciaron nieve.
-Pues salimos inmediatamente después de comer, que no nos pille de noche y nevando -anunció mi padre.
Lo que en klingon significa: " a las siete de la mañana os estoy levantando".
Pues a las siete no, pero a las ocho me estaba preguntando si se podía llevar a Bebé-chan para enseñársela a unos amigos.
-¿A estas horas? ¿Esos amigos te caen mal o algo?
-Es que luego se hace tarde y va a nevar y...
Un par de horas más tarde, mi padre volvió a intentarlo.
-¿Está Bebé-chan vestida?
-Eh... sí.
-¡Pues me la llevo!
Antes de que me diera cuenta estaba corriendo pasillo adelante, con Bebé-chan sobre el hombro cual cochinillo mientras gritaba y agitaba los bracitos.
-¡El abrigo! ¡Los zapatos! ¡Que estoy en pijama!-gritaba yo, mientras intentaba alcanzarle.
-¿Tú también vienes?
Hombre, si te parece... que mi padre es capaz de coger a la nieta y volverse a Madrid, y a los demás que nos la pique un pollo. Yo mientras tenga a mi hija no le pierdo de vista ni para ir al baño.
Un par de horas más tarde, después de que mis padres llevaran a Bebé-chan a hacer el Simba por todo el pueblo, mi padre anunció que nos íbamos.
-Que han dicho que va a nevar -nos recordó.
-Pues es que Bebé-chan tiene que comer -le dije.
-¿Ahora?
-Cuando tiene hambre, es una costumbre tontísima que tiene.
-Es que como no me has avisado...
-Come cada tres horas. No sabía que tenía que anunciarlo en el BOE cada vez.
Para cuando Bebé-chan terminó de comer mi padre ya estaba dando saltitos de impaciencia. Mi yo interior, también, porque esto de dar pecho con tu padre intentando calcular mentalmente los centilitros que puede haber en cada teta y lo que puede tardar Bebé-chan en bebérselos, como que te corta el rollo.
-Bueno -dijo al final-. ¿Nos vamos ya o qué?
-Espera un momento, que tengo que cambiarle el pañal.
-¡No me has dicho que la tuvieras que cambiar!
Pues en esto estamos empatados, porque ella tampoco me ha dicho que tuviera que cagar.
PD:
Orden 1234/2013, de 19 de abril, por la que se regula la ingesta y expulsión de alimentos por parte de Bebé-chan.
1.Los bebés en general, y Bebé-chan en particular, tienen la costumbre de comer para subsistir. Lo hacen aproximadamente cada tres o cuatro horas, según su edad, peso, estado de salud y otros condicionantes, entre los que destaca el hambre.
2.Los bebés, una vez comen, tienden a hacer popó tarde o temprano, generalmente en el momento más inoportuno para la padre, madre, o tutor/es legal/es, sin previo aviso de ningún tipo, salvo en algún caso un ligero rubor facial provocado por el esfuerzo del bebé al apretar.
3.Una vez el bebé ha hecho pipí o popó es recomendable cambiar el pañal, por el bien del bebé. Si te vas a meter en el coche con las ventanillas subidas y la calefacción puesta también es recomendable cambiar el pañal, por el bien de los demás.
Esto es más largo que el día ese del año en el que se atrasa la hora y tú ves que no anochece y piensas, "pues será temprano", y miras el reloj y no es temprano y encima mañana hay que ir a trabajar y te da una pereza que te mueres.
Mi padre tiene un problema de puntualidad, en concreto, de exceso de la misma.
En realidad no, porque la puntualidad consiste en llegar justo a la hora acordada, mientras que lo que hace mi padre es llegar tres horas antes, y si puede se queda a dormir en la puerta toda la noche para estar el primero, bien tempranito.
Cuando estaba embarazada mi padre me llevaba a hacerme todas las ecografías, análisis y pruebas, y me llevaba tan pronto que a veces nos encontramos el centro médico cerrado, y nos íbamos a desayunar para hacer tiempo... sólo que por lo general yo no podía desayunar porque tenía que hacerme alguna prueba en ayunas, así que le miraba desayunar. Os podéis imaginar la ilusión que me hacía.
Este afán madrugador tiene algún sentido cuando vas al médico, pero lo tiene menos cuando vamos a comer a su casa. Si quedas a las dos, y a las dos menos un minuto no has llegado, te llama.
-¿Dónde andas? -pregunta.
-En el portal de tu casa.
-¿Y por qué no subes?
-Porque me estás llamando al móvil y en el ascensor no hay cobertura.
Después de muchas protestas, conseguimos que dejara de llamarnos. Ahora lo que hace es decirle a mi madre que nos llame.
-Llama a la niña, que son las dos menos veinte y no ha venido.
-Estará de camino.
-A ver si le ha pasado algo, llámala.
-Llámala tú, no ves...
Al final mi madre me llama.
-Filla -mi madre sólo me llama filla cuando sabe que va a decir algo que me va a tocar las narices-. ¿Venís o qué?
-Ya vamos, ya vamos, que hemos quedado a las dos y no son todavía.
-¡HA SIDO TU PADRE!
Con los viajes mi padre entra en punto crítico.
-¿A qué hora salimos? -le pregunto.
-Sobre las ocho.
-O sea: a las siete y media.
-No, mujer, no seas exagerada...sobre las ocho o así.
Al día siguiente a las siete y media está mi padre llamando al telefonillo.
-Pues ahora te esperas que no estoy preparada.
-¿Cómo que no? ¡Si te dije a las ocho!
-¡Pero es que son las siete y media!
-Ya, pero entre que salimos de Madrid y nos metemos en la autovía...
Ah, vale. Que a las ocho salimos del país, no de mi casa. Haberlo aclarado, hombre.
Para ser sincera, al principio mi padre se comportó muy bien.
Antes de irnos le expliqué que la niña tenía sus normas, sus rutinas y sus necesidades, que no entiende de horas ni de autovías y que la única forma de que mantenerla tranquila era manteniéndonos tranquilos los demás. Es decir: que una cosa es ir deprisa y otra ir con prisas, y con un bebé se tiene la una o la otra, pero ambas no porque son mutuamente excluyentes.
El viaje de ida fue muy tranquilo.Salimos muy bien. Cuando Bebé-chan tuvo hambre paramos a desayunar, y mi padre esperó pacientemente a que Bebé-chan se acabara el biberón, estuviera limpia, jugara un ratito para desentumecer el cuerpecillo. Mi padre se mantuvo impasible el ademán, aunque cualquiera que lo conozca se habría dado cuenta de que le picaba el asiento.
A la vuelta anunciaron nieve.
-Pues salimos inmediatamente después de comer, que no nos pille de noche y nevando -anunció mi padre.
Lo que en klingon significa: " a las siete de la mañana os estoy levantando".
Pues a las siete no, pero a las ocho me estaba preguntando si se podía llevar a Bebé-chan para enseñársela a unos amigos.
-¿A estas horas? ¿Esos amigos te caen mal o algo?
-Es que luego se hace tarde y va a nevar y...
Un par de horas más tarde, mi padre volvió a intentarlo.
-¿Está Bebé-chan vestida?
-Eh... sí.
-¡Pues me la llevo!
Antes de que me diera cuenta estaba corriendo pasillo adelante, con Bebé-chan sobre el hombro cual cochinillo mientras gritaba y agitaba los bracitos.
-¡El abrigo! ¡Los zapatos! ¡Que estoy en pijama!-gritaba yo, mientras intentaba alcanzarle.
-¿Tú también vienes?
Hombre, si te parece... que mi padre es capaz de coger a la nieta y volverse a Madrid, y a los demás que nos la pique un pollo. Yo mientras tenga a mi hija no le pierdo de vista ni para ir al baño.
Un par de horas más tarde, después de que mis padres llevaran a Bebé-chan a hacer el Simba por todo el pueblo, mi padre anunció que nos íbamos.
-Que han dicho que va a nevar -nos recordó.
-Pues es que Bebé-chan tiene que comer -le dije.
-¿Ahora?
-Cuando tiene hambre, es una costumbre tontísima que tiene.
-Es que como no me has avisado...
-Come cada tres horas. No sabía que tenía que anunciarlo en el BOE cada vez.
Para cuando Bebé-chan terminó de comer mi padre ya estaba dando saltitos de impaciencia. Mi yo interior, también, porque esto de dar pecho con tu padre intentando calcular mentalmente los centilitros que puede haber en cada teta y lo que puede tardar Bebé-chan en bebérselos, como que te corta el rollo.
-Bueno -dijo al final-. ¿Nos vamos ya o qué?
-Espera un momento, que tengo que cambiarle el pañal.
-¡No me has dicho que la tuvieras que cambiar!
Pues en esto estamos empatados, porque ella tampoco me ha dicho que tuviera que cagar.
PD:
Orden 1234/2013, de 19 de abril, por la que se regula la ingesta y expulsión de alimentos por parte de Bebé-chan.
1.Los bebés en general, y Bebé-chan en particular, tienen la costumbre de comer para subsistir. Lo hacen aproximadamente cada tres o cuatro horas, según su edad, peso, estado de salud y otros condicionantes, entre los que destaca el hambre.
2.Los bebés, una vez comen, tienden a hacer popó tarde o temprano, generalmente en el momento más inoportuno para la padre, madre, o tutor/es legal/es, sin previo aviso de ningún tipo, salvo en algún caso un ligero rubor facial provocado por el esfuerzo del bebé al apretar.
3.Una vez el bebé ha hecho pipí o popó es recomendable cambiar el pañal, por el bien del bebé. Si te vas a meter en el coche con las ventanillas subidas y la calefacción puesta también es recomendable cambiar el pañal, por el bien de los demás.
11 abril 2013
Gran Reserva VII
Previously in Lorz...
Estuve tres días en el pueblo y voy a tardar dos meses en contarlo.
Creo que empiezo a chochear. A fin de cuentas, ser madre es el primer paso para ser abuela.
Titapepi está hecha una pupa de arriba a abajo.
Literalmente.
Empezando por los pies (juanetes), pasando por la cadera (Robocop), los riñones (uno está en paro y el otro convocado a huelga), los ojos (ni torta), los oídos (ligera sordera) y además todo lo habitual cuando uno tiene más de setenta años: azúcar, colesterol, ácido úrico...
El estado de pupez es tal que si Terminator la mirara con su escáner ocular (que a pesar de su nombre está en el ojo, no en el culo), le saltarían todas las alarmas y en vez de dispararle le daría un par de palmaditas en la espalda y le diría "ea, ea".
Para mantener ese cuerpo puposo en funcionamiento Titapepi tiene que seguir una dieta estricta, baja en sal, baja en azúcar, baja en grasas... baja en todo lo bueno, vaya. La cosa es tan grave que si se hace una ensalada, no puede echarle tomate (ácido úrico), ni aceitunas (sal), ni maíz (azúcar). Así que se echa un poco de lechuga. Pero poca, ¿eh? Que la lechuga es muy indigesta y muy pesada.
Y así todo.
A pesar de la dificultad, Titapepi sigue su dieta a rajatabla. La idea es que si se porta bien todos los días, pero todos todos, en ocasiones especiales puede hacer un excesito, como chupar un grano de maíz o algo.
No creáis que los hace mucho. Normalmente se reserva para cuando tiene gente en casa.
Y claro, cuando estuvimos en su casa, tenía gente en casa.
Ha quedado claro, ¿no?
Que conste que ella planeaba portarse bien, y que fui yo la que provoqué.
-Niña, ¿tú que quieres cenar esta noche?
Eran las seis de la tarde, pero eso no importa. En mi familia sólo hay una cosa que nos guste más que comer: hablar de comida.
-Pues había pensado que podíamos pedir una pizza. Si no quieres, no, lo que tú digas.
No te vaya a dar un chungo, pensé, que las transaminasas son unas p*t*s traicioneras.
-No, mujer, si a mí me gusta la pizza, y por un día que coma no pasa nada.
-Pues nada, luego la pedimos.
Jo, pensé, pobre Titapepi, ella aquí haciendo esfuerzos heroicos para mantener los triglicéridos controlados y llegamos nosotros y se los descolocamos todos, desde luego... Me daba mucho apuro pensarlo, es que es muy fuerte... Que lo mismo a la pobre ni le apetece ni nada, y sólo se come la pizza por no hacernos el feo.
-Niña, ¿pedimos ya la pizza?-me preguntó más tarde.
-Eh... es que son las siete, igual es un poco pronto, ¿no?
-Sí, igual sí.
Y al rato...
-Niña, creo que voy a pedirla ya, que aquí se lo toman con calma.
-Espero que se lo tomen con mucha calma, porque son las siete y cinco.
Y al rato...
-Niña, ¿ tus padres dónde han ido?
-Creo que están de cañas.
-Tardan mucho, ¿no?
-No sé, se habrán encontrado a alguien.
-Oye, ¿no estarán cenando por ahí? ¡A ver si van a cenar y luego no quieren que pidamos la pizza!
Y al rato...
-Niña, yo he pedido ya la pizza. ¿Con cuatro tendremos bastante?
¡Halaaaaaa!
-Depende, ¿cuántos meses vamos a estar aislados por la nieve?
Y al rato...
-Niña, que la pizza ya está aquí. ¿Tus padres cuando vienen?
-Ni idea.
-¿Tanto se tarda en tomar una caña?
-No creo que se hayan tomado una caña...
Y al rato...
-Niña, que esto se va a enfriar. Yo voy a ir empezando.
Pero por no hacernos el feo, ¿eh? No os vayáis a creer.
Continuará (sólo uno más y ya)...
Estuve tres días en el pueblo y voy a tardar dos meses en contarlo.
Creo que empiezo a chochear. A fin de cuentas, ser madre es el primer paso para ser abuela.
Titapepi está hecha una pupa de arriba a abajo.
Literalmente.
Empezando por los pies (juanetes), pasando por la cadera (Robocop), los riñones (uno está en paro y el otro convocado a huelga), los ojos (ni torta), los oídos (ligera sordera) y además todo lo habitual cuando uno tiene más de setenta años: azúcar, colesterol, ácido úrico...
El estado de pupez es tal que si Terminator la mirara con su escáner ocular (que a pesar de su nombre está en el ojo, no en el culo), le saltarían todas las alarmas y en vez de dispararle le daría un par de palmaditas en la espalda y le diría "ea, ea".
Para mantener ese cuerpo puposo en funcionamiento Titapepi tiene que seguir una dieta estricta, baja en sal, baja en azúcar, baja en grasas... baja en todo lo bueno, vaya. La cosa es tan grave que si se hace una ensalada, no puede echarle tomate (ácido úrico), ni aceitunas (sal), ni maíz (azúcar). Así que se echa un poco de lechuga. Pero poca, ¿eh? Que la lechuga es muy indigesta y muy pesada.
Y así todo.
A pesar de la dificultad, Titapepi sigue su dieta a rajatabla. La idea es que si se porta bien todos los días, pero todos todos, en ocasiones especiales puede hacer un excesito, como chupar un grano de maíz o algo.
No creáis que los hace mucho. Normalmente se reserva para cuando tiene gente en casa.
Y claro, cuando estuvimos en su casa, tenía gente en casa.
Ha quedado claro, ¿no?
Que conste que ella planeaba portarse bien, y que fui yo la que provoqué.
-Niña, ¿tú que quieres cenar esta noche?
Eran las seis de la tarde, pero eso no importa. En mi familia sólo hay una cosa que nos guste más que comer: hablar de comida.
-Pues había pensado que podíamos pedir una pizza. Si no quieres, no, lo que tú digas.
No te vaya a dar un chungo, pensé, que las transaminasas son unas p*t*s traicioneras.
-No, mujer, si a mí me gusta la pizza, y por un día que coma no pasa nada.
-Pues nada, luego la pedimos.
Jo, pensé, pobre Titapepi, ella aquí haciendo esfuerzos heroicos para mantener los triglicéridos controlados y llegamos nosotros y se los descolocamos todos, desde luego... Me daba mucho apuro pensarlo, es que es muy fuerte... Que lo mismo a la pobre ni le apetece ni nada, y sólo se come la pizza por no hacernos el feo.
-Niña, ¿pedimos ya la pizza?-me preguntó más tarde.
-Eh... es que son las siete, igual es un poco pronto, ¿no?
-Sí, igual sí.
Y al rato...
-Niña, creo que voy a pedirla ya, que aquí se lo toman con calma.
-Espero que se lo tomen con mucha calma, porque son las siete y cinco.
Y al rato...
-Niña, ¿ tus padres dónde han ido?
-Creo que están de cañas.
-Tardan mucho, ¿no?
-No sé, se habrán encontrado a alguien.
-Oye, ¿no estarán cenando por ahí? ¡A ver si van a cenar y luego no quieren que pidamos la pizza!
Y al rato...
-Niña, yo he pedido ya la pizza. ¿Con cuatro tendremos bastante?
¡Halaaaaaa!
-Depende, ¿cuántos meses vamos a estar aislados por la nieve?
Y al rato...
-Niña, que la pizza ya está aquí. ¿Tus padres cuando vienen?
-Ni idea.
-¿Tanto se tarda en tomar una caña?
-No creo que se hayan tomado una caña...
Y al rato...
-Niña, que esto se va a enfriar. Yo voy a ir empezando.
Pero por no hacernos el feo, ¿eh? No os vayáis a creer.
Continuará (sólo uno más y ya)...
03 abril 2013
Gran Reserva VI
Previously in Lorz...
No seas vago y léelo tú mismo. Está justo debajo de este.
Que tengo que hacerlo yo todo, c*ñ*.
Ya que estaba en el pueblo aproveché le ocasión para quedar con Ephedro.
-¿Quién es Ephedro?-preguntó La Tita del Puerto.
-Un amigo.
-¿Un amigo especial?
-No lo sabes tú bien...
Ephedro nos llevó a Bebé-chan y a mí a comer a un sitio muy bonito. Cuando salimos, sacó una supercámara megamolona, de esas que tienen megapíxeles chorreando por todos lados.
-Ponte, que os hago una foto.
Y me puse, y me hizo una foto.
Y un borracho señor en riesgo de exclusión social que había en la puerta del bar de al lado lo vio con la cámara supermolona, lo confundió con Peter Parker, y le dijo:
- ¡Cucha! ¡Ahme una fotamí!
-¿...?
-¡Enga, mushashooo, ahme una fotooo!
-¿Tú quieréhuna fotooo? -dijo Ephedro, que aprovecha cualquier momento para alardear de que sabe idiomas y mimetizarse con los nativos-. Yo tagu-nafotoo.
Y le hizo una foto.
Y entonces el borracho señor en riesgo de exclusión social se mosqueó.
-Ehpeeera... ¿tú paquéquiereh una fotoo mía?
-Eh... tú me has pedido que la hiciera -con el shock a Ephedro se le olvidó mimetizarse con los nativos y todo.
-¿Y quévasertú con mi fotoo?
-Nada.
-¿No la puedo veh?
-Si quieres yo te la mando -cara de pasmo delborracho señor en riesgo de exclusión social-. Me das tú dirección y yo te la mando. ¿Tienes correo?
-Claroquetengocorreoo...
-Pues yo te mando la foto a tu dirección.
-¿Túsabeh ondetá mi caasa?
-Dirección de correo electrónico.
-...
-De internet.
-...
-¿Whatsapp?
-...
-¿SMS?
-...
Mira que Ephedro tiene mundo y recursos para todo, ¿eh? Pues por un momento pensé que iba a colapsarse allí mismo.
-Está bien, vamos a hacer una cosa: yo te doy mi tarjeta, viene mi dirección de corre... de internet. Tú busca algún amigo, algún sobrino, alguien, que sepa de internet, y le dices que se ponga en contacto conmigo en esa dirección, ¿vale? Y yo le hago llegar la foto.
Admitámoslo: dicho así sonaba a timo. Y el señor estaba borracho en riesgo de exclusión social, pero no era tonto.
-¿Quemevah cobrah?
Mientras Ephedro le explicaba al señor que no le iba a cobrar, que sólo quería hacerle llegar la p*t* foto, que encima que le hacía un favor le estaba tocando las narices, a mí y a Bebé-chan se nos acercó otroborracho señor en riesgo de exclusión social.
-¿Queh niñoniñaa?
-Niñaa -m**rd*, pues no se me está pegando el acento y todo.
-Tedi sinqueuroh por eella.
-¿Cinco euros? De eso nada.
-Dieh.
-¡Que no!
-¡Sivahtar mehó comigo que contigoo!
-¡Y UN C*J*N! ¡Ephedro, vámonos, que la niña se está poniendo nerviosa!
-Veh como conmigo ehtá mehó...
-Espera, Lorz, que le estoy explicando a este borracho señor en riesgo de exclusión social cómo se inventó la imprenta.
-¡QUE NOS VAMOS!
Y nos fuimos. De camino a casa de Tita Pepi, le iba echado la bronca.
-Es que sólo se te ocurre a ti... blablabla... internet... blablabla... negra me tienes... blablabla.
Estábamos en esto cuando se nos cruzó un perrito y Ephedro que es que no aprende, el tío, le hizo una foto.
-¡Arg! -le dije-. ¿Qué no has tenido bastante o qué?
-Si es sólo un perrito -dijo.
No había acabado de decirlo, cuando apareció el dueño del perrito.
Miró a Ephedro.
Miró la supercamara megamolona con los megapíxeles chorreando por todos lados.
-Safotoo cajechoo, ¿pa que eh?
-Para nada -se apresuró a decir Ephedro-, para nada.
-¿No lavahseñáh?
-No, no.
-Hombre, enargún sitioo la pondráh que se veaa. ¿No tienehanquesea un bloh o un feihbu paponehla?
Desde luego, es que no tienen término medio.
Pd:
Cuando llegué a casa de Tita Pepi le conté a mi madre lo que me había pasado.
-Jo, mamá, que me han intentado comprar a Bebé-chan por cinco euros.
-¿Cinco euros? De eso nada. Mi nieta vale por lo menos cincuenta.
Por lo menos.
Continuará...
No seas vago y léelo tú mismo. Está justo debajo de este.
Que tengo que hacerlo yo todo, c*ñ*.
Ya que estaba en el pueblo aproveché le ocasión para quedar con Ephedro.
-¿Quién es Ephedro?-preguntó La Tita del Puerto.
-Un amigo.
-¿Un amigo especial?
-No lo sabes tú bien...
Ephedro nos llevó a Bebé-chan y a mí a comer a un sitio muy bonito. Cuando salimos, sacó una supercámara megamolona, de esas que tienen megapíxeles chorreando por todos lados.
-Ponte, que os hago una foto.
Y me puse, y me hizo una foto.
Y un
- ¡Cucha! ¡Ahme una fotamí!
-¿...?
-¡Enga, mushashooo, ahme una fotooo!
-¿Tú quieréhuna fotooo? -dijo Ephedro, que aprovecha cualquier momento para alardear de que sabe idiomas y mimetizarse con los nativos-. Yo tagu-nafotoo.
Y le hizo una foto.
Y entonces el
-Ehpeeera... ¿tú paquéquiereh una fotoo mía?
-Eh... tú me has pedido que la hiciera -con el shock a Ephedro se le olvidó mimetizarse con los nativos y todo.
-¿Y quévasertú con mi fotoo?
-Nada.
-¿No la puedo veh?
-Si quieres yo te la mando -cara de pasmo del
-Claroquetengocorreoo...
-Pues yo te mando la foto a tu dirección.
-¿Túsabeh ondetá mi caasa?
-Dirección de correo electrónico.
-...
-De internet.
-...
-¿Whatsapp?
-...
-¿SMS?
-...
Mira que Ephedro tiene mundo y recursos para todo, ¿eh? Pues por un momento pensé que iba a colapsarse allí mismo.
-Está bien, vamos a hacer una cosa: yo te doy mi tarjeta, viene mi dirección de corre... de internet. Tú busca algún amigo, algún sobrino, alguien, que sepa de internet, y le dices que se ponga en contacto conmigo en esa dirección, ¿vale? Y yo le hago llegar la foto.
Admitámoslo: dicho así sonaba a timo. Y el señor estaba
-¿Quemevah cobrah?
Mientras Ephedro le explicaba al señor que no le iba a cobrar, que sólo quería hacerle llegar la p*t* foto, que encima que le hacía un favor le estaba tocando las narices, a mí y a Bebé-chan se nos acercó otro
-¿Queh niñoniñaa?
-Niñaa -m**rd*, pues no se me está pegando el acento y todo.
-Tedi sinqueuroh por eella.
-¿Cinco euros? De eso nada.
-Dieh.
-¡Que no!
-¡Sivahtar mehó comigo que contigoo!
-¡Y UN C*J*N! ¡Ephedro, vámonos, que la niña se está poniendo nerviosa!
-Veh como conmigo ehtá mehó...
-Espera, Lorz, que le estoy explicando a este
-¡QUE NOS VAMOS!
Y nos fuimos. De camino a casa de Tita Pepi, le iba echado la bronca.
-Es que sólo se te ocurre a ti... blablabla... internet... blablabla... negra me tienes... blablabla.
Estábamos en esto cuando se nos cruzó un perrito y Ephedro que es que no aprende, el tío, le hizo una foto.
-¡Arg! -le dije-. ¿Qué no has tenido bastante o qué?
-Si es sólo un perrito -dijo.
No había acabado de decirlo, cuando apareció el dueño del perrito.
Miró a Ephedro.
Miró la supercamara megamolona con los megapíxeles chorreando por todos lados.
-Safotoo cajechoo, ¿pa que eh?
-Para nada -se apresuró a decir Ephedro-, para nada.
-¿No lavahseñáh?
-No, no.
-Hombre, enargún sitioo la pondráh que se veaa. ¿No tienehanquesea un bloh o un feihbu paponehla?
Desde luego, es que no tienen término medio.
Pd:
Cuando llegué a casa de Tita Pepi le conté a mi madre lo que me había pasado.
-Jo, mamá, que me han intentado comprar a Bebé-chan por cinco euros.
-¿Cinco euros? De eso nada. Mi nieta vale por lo menos cincuenta.
Por lo menos.
Continuará...
25 marzo 2013
Gran Reserva V
Previously in Lorz:
Yo tenía razón. Como siempre.
-Hay que ver la de cosas que necesitan los niños cuando viajan- dijo mi madre cuando empezamos a planear el viaje-. Y cuanto más pequeños, más cosas necesitan.
Pues no es verdad.
Los niños pequeños sólo necesitan una cosa: a su mamá.
A ser posible, con la teta presta, gracias por preguntar.
Los que necesitan muchas cosas cuando viajan son los padres. Especialmente las madres.
Mientras hacía la maleta, Bebé-chan me miraba escandalizada:
¡Pañales! ¡Ropa de cambio!
¡Con lo bien que se está en pelota picá!
¡Biberones! ¡Papillas!
¡Que manía con el destete!
¡Baberos! ¡Toallitas!
¡Que empeño en frotar la cara con cosas!
Y así todo.
Si por mí fuera, habría llevado tres o cuatro maletas, pero el maletero del padremóvil no daba para tanto y la cosa quedó en un necesercito.
Y una bolsa.
Y mi bolso.
Y el bolso cambiador.
Y el carrito.
Aún así, hubo cosas ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLES que me dejé atrás, como la garrafa de agua mineral de cinco litros, pensando que ya la compraría cuando llegara.
Por eso cuando llegamos a casa de Titapepi y nos instalamos y todo, le dije:
- Me voy al supermercado a comprar agua mineral.
-¿Para la niña?
-Sí.
-¿Está malita?
-No.
-Pues dale agua de grifo, mujer.
-Siempre le damos mineral.
-¿Y eso? ¿Es mala el agua de Madrid?
-El agua de Madrid es muy buena. Lo que son malas son las tuberías.
En los edificios antiguos las tuberías son de plomo y con el tiempo aparece corrosión, que viene a ser que las tuberías se oxidan y se pudren. Esa podredumbre sale por el grifo y nos la bebemos alegremente y no nos morimos porque lo que no mata engorda.
-Bueno, mujer, pero eso en el agua del pueblo no pasa.
Mi pueblo está situado sobre una capa freática muy abundante. Por desgracia, gran parte de ella es salada porque procede de un mar que desapareció gracias al movimiento de placas. La otra parte tiene tanta cal que los cubitos de hielo siempre salen blancos. Gracias a eso, el agua de mi pueblo es más apta para deshacerse de un cadáver que para bebérsela. Y eso, en el mejor de los casos. En años de sequía se intenta suplir la falta de agua con exceso de productos químicos, y a veces se echa tanto, tanto, que una vez me salió sarpullido al lavarme la cara, no digo más. Desde entonces no he vuelto a lavarme, y me va estupendamente.
-Prefiero darle agua mineral, por si acaso.
-Desde luego, hoy en día se hacen unas cosas... yo les daba a mis hijos agua del grifo -y así se han quedado, pensé para mis adentros, pero no se lo dije porque soy muy educada-. Ni tampoco esterilicé los biberones. ¿Tú los esterilizas?
-Sí, claro.
-Pues eso es una tontería. Los esterilizas, y luego, ¿qué? Como no están en un ambiente estéril se desesterilizan en cuanto los sacas.
Titapepi se doctoró en farmacia en unos tiempos en los que las mujeres con aprender a escribir ya iban sobraditas. Así de lista es. Y claro, hablas con ella de cualquier cosa y tarde o temprano acabas sintiéndote bastante estúpida, por comparación.
-Algo le hará, ¿no? -pregunté.
-Perder el tiempo, eso hace.
-Bueno, pues si tú dices que no sirve de nada, mientras esté en tu casa le doy agua de grifo, no esterilizo, y que le pique un pollo a todo y ya está.
-Me parece lo más razonable.
-Ahora, si a la niña le da una cagalera, los pañales se los cambias tú.
Titapepi valoró sus opciones por un momento.
-Entonces -me dijo-. ¿De qué marca le compramos el agua mineral?
Ya os dije que era una chica lista.
Continuará...
Yo tenía razón. Como siempre.
-Hay que ver la de cosas que necesitan los niños cuando viajan- dijo mi madre cuando empezamos a planear el viaje-. Y cuanto más pequeños, más cosas necesitan.
Pues no es verdad.
Los niños pequeños sólo necesitan una cosa: a su mamá.
A ser posible, con la teta presta, gracias por preguntar.
Los que necesitan muchas cosas cuando viajan son los padres. Especialmente las madres.
Mientras hacía la maleta, Bebé-chan me miraba escandalizada:
¡Pañales! ¡Ropa de cambio!
¡Con lo bien que se está en pelota picá!
¡Biberones! ¡Papillas!
¡Que manía con el destete!
¡Baberos! ¡Toallitas!
¡Que empeño en frotar la cara con cosas!
Y así todo.
Si por mí fuera, habría llevado tres o cuatro maletas, pero el maletero del padremóvil no daba para tanto y la cosa quedó en un necesercito.
Y una bolsa.
Y mi bolso.
Y el bolso cambiador.
Y el carrito.
Aún así, hubo cosas ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLES que me dejé atrás, como la garrafa de agua mineral de cinco litros, pensando que ya la compraría cuando llegara.
Por eso cuando llegamos a casa de Titapepi y nos instalamos y todo, le dije:
- Me voy al supermercado a comprar agua mineral.
-¿Para la niña?
-Sí.
-¿Está malita?
-No.
-Pues dale agua de grifo, mujer.
-Siempre le damos mineral.
-¿Y eso? ¿Es mala el agua de Madrid?
-El agua de Madrid es muy buena. Lo que son malas son las tuberías.
En los edificios antiguos las tuberías son de plomo y con el tiempo aparece corrosión, que viene a ser que las tuberías se oxidan y se pudren. Esa podredumbre sale por el grifo y nos la bebemos alegremente y no nos morimos porque lo que no mata engorda.
-Bueno, mujer, pero eso en el agua del pueblo no pasa.
Mi pueblo está situado sobre una capa freática muy abundante. Por desgracia, gran parte de ella es salada porque procede de un mar que desapareció gracias al movimiento de placas. La otra parte tiene tanta cal que los cubitos de hielo siempre salen blancos. Gracias a eso, el agua de mi pueblo es más apta para deshacerse de un cadáver que para bebérsela. Y eso, en el mejor de los casos. En años de sequía se intenta suplir la falta de agua con exceso de productos químicos, y a veces se echa tanto, tanto, que una vez me salió sarpullido al lavarme la cara, no digo más. Desde entonces no he vuelto a lavarme, y me va estupendamente.
-Prefiero darle agua mineral, por si acaso.
-Desde luego, hoy en día se hacen unas cosas... yo les daba a mis hijos agua del grifo -y así se han quedado, pensé para mis adentros, pero no se lo dije porque soy muy educada-. Ni tampoco esterilicé los biberones. ¿Tú los esterilizas?
-Sí, claro.
-Pues eso es una tontería. Los esterilizas, y luego, ¿qué? Como no están en un ambiente estéril se desesterilizan en cuanto los sacas.
Titapepi se doctoró en farmacia en unos tiempos en los que las mujeres con aprender a escribir ya iban sobraditas. Así de lista es. Y claro, hablas con ella de cualquier cosa y tarde o temprano acabas sintiéndote bastante estúpida, por comparación.
-Algo le hará, ¿no? -pregunté.
-Perder el tiempo, eso hace.
-Bueno, pues si tú dices que no sirve de nada, mientras esté en tu casa le doy agua de grifo, no esterilizo, y que le pique un pollo a todo y ya está.
-Me parece lo más razonable.
-Ahora, si a la niña le da una cagalera, los pañales se los cambias tú.
Titapepi valoró sus opciones por un momento.
-Entonces -me dijo-. ¿De qué marca le compramos el agua mineral?
Ya os dije que era una chica lista.
Continuará...
17 marzo 2013
Gran Reserva IV
Previously in Lorz...
Va a hacer mucho frío, pero no pasa nada porque el saquito es sueco.
Como mañana es el día del padre y, en algunos casos, de la madre, voy a aprovechar para hablar de mi padre y de mi madre, que además es lo que toca.
La c*g*st* burlancaster.
Mis padres llevan 33 años casados y a pesar de eso se quieren y todo.
Yo aún diría más: según ciertos y muy dramáticos testimonios, se quieren demasiado.
En concreto, demasiado a menudo, demasiado alto, y con la puerta demasiado abierta, y no voy a dar más detalles porque esto luego esto lo leen los niños.
Después de tantos años han creado una relación simbiótica cuya manifestación más característica es lo que yo llamo "el rezongue", Hermano Mediano llama "festival del humor", y Hermano Pequeño no lo llama porque él es más de borrar los recuerdos traumáticos.
El rezongue consiste en hablar solo.
Todos hablamos solos cuando estamos solos, ¿no?
La diferencia es que mis padres hablan solos el uno con el otro.
Continuamente.
Sin parar.
Sin escucharse y, lo que es peor, sin darse cuenta de que lo hacen.
Sin escucharse y, lo que es peor, sin darse cuenta de que lo hacen.
El rezongue es una conversación en piloto automático que se desarrolla en círculo, dando vueltas y vueltas sobre sí misma hasta alcanzar un punto crítico, en el que es necesario desbloquearla preguntándole a un tercero "¿a que YO tengo razón?".
Los terceros en cuestión, que somos sus hijos, huimos del rezongue como de la peste porque:
a) Es un c*ñ*z* oírles.
b) La mayor parte de las veces no tenemos ni idea de qué están hablando.
c) Digas lo que digas, al final la culpa es tuya.
Los terceros en cuestión, que somos sus hijos, huimos del rezongue como de la peste porque:
a) Es un c*ñ*z* oírles.
b) La mayor parte de las veces no tenemos ni idea de qué están hablando.
c) Digas lo que digas, al final la culpa es tuya.
Por eso, una de las cosas que más miedo me daba de irme con mis padres al pueblo era estar cuatro horas ATRAPADA en el asiento de atrás mientras ellos rezongaban.
-Prometemos portarnos bien y estar calladitos -dijo mi madre.
-No me lo creo.
-Que sí, que sí.
Cuando llegó el día F (de "frío que vamos a pasar, y Bebé-chan tan pequeña, aunque el saquito es sueco y abriga mucho, ¿eh? que a veces pasa calor y todo"), mis padres vinieron a buscarnos, y nos montamos en el coche. Apenas acabábamos de arrancar cuando sonó el móvil de mi padre.
-¡Un guasap! ¡Me ha llegado un guasap!
Mi padre no quería ponerse guasap porque decía que era una tontería y un c*ñ*z*.
Ahora que lo tiene sigue diciendo que es una tontería y un c*ñ*z*... y no para de usarlo.
-Pues luego lo lees -contestó mi madre.
-Es que puede ser del trabajo...
-Bueno, pues si es del trabajo que se aguanten, que estás conduciendo.
-¿No me lo puedes leer tú?
-¿Y si es del trabajo qué les digo?
-No sé, tú léemelo y ya te diré.
-Es que no entiendo tu móvil.
Después de forcejear un rato con la pantalla táctil, mi madre lee el guasap y contesta siguiendo las instrucciones de mi padre.
Acto seguido, el móvil vuelve a pitar.
-¡Un guasap!
-¿OTROOO? -dice mi madre, como si ella no recibiera unos trescientos diarios.
-Míralo, anda.
-A ver si ahora me voy a pasar todo el viaje leyéndote guasaps...
-¿Qué pasa, tienes algo mejor que hacer?
-No, pero esto es un no parar.
-Sólo han sido dos.
-De momento, que eres mupesao todo el día con el guasap.
-Mira quién fue a hablar. Todo el día mandándote cosas con Lorz -sabía que me iba a salpicar tarde o temprano, lo sabía-. Venga a mandaros fotitos de Bebé-chan. Y a mí no me mandáis ninguna. Como a mí nadie me quiere...
A mi padre no le mando guasaps porque dice que son una tontería y un c*ñ*z*. A no ser que los mande él, que entonces son lo mejor que hay en el mundo mundial y siempre llegan exactamente en el momento oportuno.
-¿Me lo vas a leer o qué?
-Ya lo leo, ya lo leo, es que no entiendo tu móvil.
A la tercera vez que se repitió la conversación le requisé el móvil a mi padre, lo apagué y me senté encima.
Por si acaso.
Entonces mi madre se empezó a rebullir en el asiento y a rebuscar en el bolso.
-¿Te quieres estar quieta? -le preguntó mi padre. Creo que era una pregunta retórica, porque a estas alturas ya debe saber que mi madre y lo de estar quieta, como que no es lo suyo. Además mi madre tiene una habilidad especial: cuando ella se mueve, lo mueve todo a su alrededor.
Si la realidad fuera un flan, mi madre sería el platito temblón.
-Es que no encuentro mi móvil.
-¿Y para qué quieres el móvil ahora?
-No sé, para mirar si tengo un guasap.
-Yo no he oído nada.
-¿Y si me lo he dejado en casa? -dijo, y siguió dando bolsazos a diestro y siniestro-. A ver si quiere salir...
¿Salir?, pensé. Ese no sale. Viendo lo que le estás haciendo al bolso yo tampoco saldría.
-¿Cómo te lo vas a dejar en casa, si has llamado a Lorz cuando veníamos?
-Pues no sé, se me habrá caído.
-¿Y no lo puedes buscar luego?
-¡Que quiero ver si tengo un guasap!
-¿Tan urgente es?
-Claro, si es TU guasap es urgente, si es MI guasap puede esperar...
-A mí me da igual lo que hagas con el guasap, pero deja de darme bolsazos ya, que estoy intentando conducir.
-Que te molestará a ti mucho lo que yo haga con el bolso...
-Pues sí, porque estoy conduciendo y me distraes.
-¿Yo te distraigo? Te distraes tú solo, que tienes que estar a todo.
-Ya estamos, al final siempre es culpa mía.
-Hombre, culpa mía no va a ser. Además, has empezado tú.
-No es verdad -el rezongue había alcanzado el punto crítico. Podía sentir el cerebro de mis padres encendiendo el radar en busca de apoyos para el desempate... y lo único que había a mano era yo-. Lorz -m**rd*, me pilló- ¿a que siempre empieza ella?
-¡A mí no me metáis en vuestras discusiones!
-Pero...
-¡Y dejarme tranquila, que estoy ocupada!
-¿Sí? ¿Qué haces?
Intentar desinstalaros el p*t* guasap.
Bonus track.
Esto es lo que va a pasar ahora.
Mi padre leerá el post y llamará a mi madre.
-¿Has visto como yo tenía razón?- le preguntará.
-De eso nada, está clarísimo que me está dando la razón a mí...
Cinco minutos de rezongue más tarde le preguntarán a Hermano Mediano.
Hermano Mediano huirá corriendo y agitando los bracitos hasta ponerse a salvo, y luego me mandará un guasap.
"No les provoques que luego los tengo que aguantar yo".
Entonces le enviaré un guasap a mis padres.
"Dejad tranquilo a Hermano Mediano, que bastante tiene ya".
"¿Qué pasa? ¿Ya os estáis riendo de nosotros a nuestras espaldas?", contestará mi madre.
"Sí".
Mi madre lo rumiará un rato, y al final llegará un guasap al grupo familiar que dirá, simplemente:
"Sois todos mutontos".
Bien pensado, creo que yo también voy a desinstalarme el guasap.
Continuará...
-¡Un guasap! ¡Me ha llegado un guasap!
Mi padre no quería ponerse guasap porque decía que era una tontería y un c*ñ*z*.
Ahora que lo tiene sigue diciendo que es una tontería y un c*ñ*z*... y no para de usarlo.
-Pues luego lo lees -contestó mi madre.
-Es que puede ser del trabajo...
-Bueno, pues si es del trabajo que se aguanten, que estás conduciendo.
-¿No me lo puedes leer tú?
-¿Y si es del trabajo qué les digo?
-No sé, tú léemelo y ya te diré.
-Es que no entiendo tu móvil.
Después de forcejear un rato con la pantalla táctil, mi madre lee el guasap y contesta siguiendo las instrucciones de mi padre.
Acto seguido, el móvil vuelve a pitar.
-¡Un guasap!
-¿OTROOO? -dice mi madre, como si ella no recibiera unos trescientos diarios.
-Míralo, anda.
-A ver si ahora me voy a pasar todo el viaje leyéndote guasaps...
-¿Qué pasa, tienes algo mejor que hacer?
-No, pero esto es un no parar.
-Sólo han sido dos.
-De momento, que eres mupesao todo el día con el guasap.
-Mira quién fue a hablar. Todo el día mandándote cosas con Lorz -sabía que me iba a salpicar tarde o temprano, lo sabía-. Venga a mandaros fotitos de Bebé-chan. Y a mí no me mandáis ninguna. Como a mí nadie me quiere...
A mi padre no le mando guasaps porque dice que son una tontería y un c*ñ*z*. A no ser que los mande él, que entonces son lo mejor que hay en el mundo mundial y siempre llegan exactamente en el momento oportuno.
-¿Me lo vas a leer o qué?
-Ya lo leo, ya lo leo, es que no entiendo tu móvil.
A la tercera vez que se repitió la conversación le requisé el móvil a mi padre, lo apagué y me senté encima.
Por si acaso.
Entonces mi madre se empezó a rebullir en el asiento y a rebuscar en el bolso.
-¿Te quieres estar quieta? -le preguntó mi padre. Creo que era una pregunta retórica, porque a estas alturas ya debe saber que mi madre y lo de estar quieta, como que no es lo suyo. Además mi madre tiene una habilidad especial: cuando ella se mueve, lo mueve todo a su alrededor.
Si la realidad fuera un flan, mi madre sería el platito temblón.
-Es que no encuentro mi móvil.
-¿Y para qué quieres el móvil ahora?
-No sé, para mirar si tengo un guasap.
-Yo no he oído nada.
-¿Y si me lo he dejado en casa? -dijo, y siguió dando bolsazos a diestro y siniestro-. A ver si quiere salir...
¿Salir?, pensé. Ese no sale. Viendo lo que le estás haciendo al bolso yo tampoco saldría.
-¿Cómo te lo vas a dejar en casa, si has llamado a Lorz cuando veníamos?
-Pues no sé, se me habrá caído.
-¿Y no lo puedes buscar luego?
-¡Que quiero ver si tengo un guasap!
-¿Tan urgente es?
-Claro, si es TU guasap es urgente, si es MI guasap puede esperar...
-A mí me da igual lo que hagas con el guasap, pero deja de darme bolsazos ya, que estoy intentando conducir.
-Que te molestará a ti mucho lo que yo haga con el bolso...
-Pues sí, porque estoy conduciendo y me distraes.
-¿Yo te distraigo? Te distraes tú solo, que tienes que estar a todo.
-Ya estamos, al final siempre es culpa mía.
-Hombre, culpa mía no va a ser. Además, has empezado tú.
-No es verdad -el rezongue había alcanzado el punto crítico. Podía sentir el cerebro de mis padres encendiendo el radar en busca de apoyos para el desempate... y lo único que había a mano era yo-. Lorz -m**rd*, me pilló- ¿a que siempre empieza ella?
-¡A mí no me metáis en vuestras discusiones!
-Pero...
-¡Y dejarme tranquila, que estoy ocupada!
-¿Sí? ¿Qué haces?
Intentar desinstalaros el p*t* guasap.
Bonus track.
Esto es lo que va a pasar ahora.
Mi padre leerá el post y llamará a mi madre.
-¿Has visto como yo tenía razón?- le preguntará.
-De eso nada, está clarísimo que me está dando la razón a mí...
Cinco minutos de rezongue más tarde le preguntarán a Hermano Mediano.
Hermano Mediano huirá corriendo y agitando los bracitos hasta ponerse a salvo, y luego me mandará un guasap.
"No les provoques que luego los tengo que aguantar yo".
Entonces le enviaré un guasap a mis padres.
"Dejad tranquilo a Hermano Mediano, que bastante tiene ya".
"¿Qué pasa? ¿Ya os estáis riendo de nosotros a nuestras espaldas?", contestará mi madre.
"Sí".
Mi madre lo rumiará un rato, y al final llegará un guasap al grupo familiar que dirá, simplemente:
"Sois todos mutontos".
Bien pensado, creo que yo también voy a desinstalarme el guasap.
Continuará...
11 marzo 2013
Gran Reserva III
Previously in Lorz...
Ya van dos, y todavía no hemos llegado al pueblo.
Se nota que soy chica, porque voy a estar más rato con los preliminares que con el asunto.
Dos días antes de ir al pueblo, estaba
toda la familia reunida celebrando el cumpleaños de mi abuela y
hablando del sexo de los ángeles* cuando de pronto mi padre dijo:
-Pues a mí no me parece bien que
vengas con la niña al pueblo, pero claro, como te has empeñado en
venir...
La cara tonta que se me quedó.
-¡Si ha sido madre!
-¡No es verdad! -saltó mi madre, que
siempre me ha apoyado mucho.
-¿Tú sabes el frío que hace en el
pueblo?
¿Que si lo sé? Como si hubiera vivido
allí 16 años con sus inviernos incluidos. Y recuerdo con claridad
meridiana cuando me decían “hay que ver esta niña, tapada hasta
las orejas está, ni que hiciera tanto frío”. Pero claaaro, si su
hija tiene frío que le pique un pollo, ahora a la nietísima ni
tocarla.
-¡Claro que lo sé! ¡Y más en casa
de Titapepi!
Titapepi es una señora muy pequeña
que vive en una casa muy grande, por lo que existe un desequilibrio
matemático evidente entre el calor que emite su cuerpecillo y el
calor que necesita esa casaza.
Para los que no sean tan expertos en matemáticas como yo: hace un frío de morirse.
-No deberías venir -repitió mi padre,
ignorando las miradas asesinas de mi madre-. La niña es muy pequeña.
-¡Si la niña es la única que no va a
pasar frío! ¡Llevo pijamas de forro polar, todos los jerséis que
tiene, y el saquito del coche es noruego! ¡Deberías preocuparte por
los demás, que se nos va a quedar el chirri como las cuevas de
Altamira!
-La verdad es que ese saquito abriga
mucho -concedió mi padre-. Como es noruego...
El saquito del carro abriga tanto que
tengo que meter a la niña en camiseta porque si no llora de calor. A
veces me planteo si no me a más rentable sacar a la niña del carro
y usar el saco para criar pollos.
-Los demás sí que vamos a pasar frío.
No ella -repetí, para dejar claro que la nietísima estaba a salvo.
-Es que va a hacer mucho frío para
llevar a la niña.
-En el saquito va bien -repetí-. Es
noruego.
-Sí, la verdad es que sí... A veces
llora del calor que pasa dentro...
-¿Ves?
-Pero es que va a hacer mucho frío
para llevar a la niña.
-¡CALLARSE YA C*Ñ*!-gritó de pronto
Latita, que llevaba un rato siguiendo la conversación como quién ve
un partido de tenis-. ¡ QUE LLEVÁIS MEDIA HORA EN BUCLE CON EL FRÍO
QUE HACE EN EL PUEBLO Y EL CALOR QUE HACE EN EL SACO SUIZO DE LAS
NARICES! ¡VAMOS A CAMBIAR DE TEMA, J*D*R! Ejem... ¿Lorz, fuiste
ayer a la manifestación?
-No.
-¿Y eso?
-Es que hacía mucho frío para llevar
a la niña.
Continuará...
*Los ángeles no tienen sexo porque no
están casados
06 marzo 2013
Gran Reserva II
Previosly in Lorz...
Mi madre quiere coger a Bebé-chan y
salir corriendo mientras grita y agita los bracitos.
El siguiente paso fue decírselo a
ZaraJota™, que estaba totalmente de acuerdo.
-No me hace ninguna gracia -me dijo-.
¿Y si le pasa algo?
-Pues como si le pasa algo estando en
casa. Si va a ser lo mismo, pero en vez de estar las dos solas en
casa todo el día estaremos en otra casa y con mi familia.
-Esa es la parte que me preocupa.
-Son sólo dos días.
-Con tu familia, dos días son como el
brillo de la luna reflejándose sobre el infinito de las olas.
-Jo, con la ilusión que le hace a mi
madre llevarla al pueblo para hacerle un Simba...
-Que he dicho que no, y es que no, y no
hay más que hablar.
-Jooooo... Pobre Bebé-chan, que no
conoce a la mitad de su familia. ¿No te da pena?
-Pues si te digo la verdad, más que
pena me da una envidia que no veas.
Finalmente ZaraJota™ me dio permiso para
llevarme a Bebé-chan.
-Con algunas condiciones -me advirtió.
-Vale.
-Primero: no subas escaleras con la
niña en brazos, que las escaleras de Titapepi son muy malas y tienen
pinta de escurrir.
-Vale.
-Segundo: no subas cuestas con la niña
en brazos. Mejor pensado: no salgas de casa, que ese pueblo no tiene
más que cuestas, y todas son para arriba, que parece un cuadro de
Escher.
-Jo...
-Tercero. nada de animales lamiendo a
la niña. Ni perros, ni gatos, ni canarios, ni nada. Y nada de “si
mi perro está limpísimo” ni “si está muy vacunado”, que de
un bicho que saluda a sus amigos lamiéndoles el culo se puede
esperar cualquier cosa.
-Vale.
-Cuarto: nada de ir al campo, que la
última vez casi me pegan un tiro.
-¡Porque de lejos pareces un jugoso
conejo silvestre!
Media hora más tarde, ZaraJota™ seguía.
-Quincuagésimo tercero, Artículo II, Sección 1º, párrafo B...
-Ya me he olvidado del primero.
-Me lo temía. Da igual: todo se resume en una:
no pierdas NUNCA de vista a la niña.
no pierdas NUNCA de vista a la niña.
-¿Y si me tengo que duchar?
-¡DE DUCHA NADA! Son tres días, y con
el frío que va a hacer ni se huele ni nada.
-Bueno, pero en algún momento tendré
que hacer pipí.
-Pues dejas a la niña en el bidet.
-Jo... es que si me miran no me sale el
chorrito...
-¡PUES LA PONES BOCA ABAJO!
Continuará...
01 marzo 2013
Gran Reserva I
La semana que viene padre y yo tenemos
que ir al pueblo -me dijo mi madre un día.
-Uf, que pereza.
-Ya, y encima va a hacer un frío
horrible.
-Eso dicen... ¿vais mucho tiempo?
-Sólo un par de días, vamos a casa de
Titapepi y no queremos darle mucho trabajo, que ya está mayor.
-Al menos es poco tiempo.
-Sí, sí, poco, pero no veas la de
equipaje que llevamos... vamos hasta arriba, como siempre.
-Pues yo estaba pensando apuntarme a ir
con vosotros para que Bebé-chan conozca a la familia, pero va a ser
mejor que no.
El tono de mi madre cambió al momento.
-¿Por qué no, mujer?
-Es que va a hacer mucho frío.
-Que exagerada eres, no será para
tanto. Allí de día sube muchísimo la temperatura. Prácticamente
en manga corta, vamos a estar. Yo estoy pensando echar el bikini y
todo, no te digo más.
-Bueno, tampoco quiero causarle
molestias a Titapepi, que está mayor.
-Andá ya, si sólo tiene 76 años,
está en la flor de la vida. Tendrías que verla, una vitalidad, una
alegría, un caminar brioso...
-Y luego está el maletero, que no van
a caber nuestras cosas, el carrito y toda la parafernalia de Bebé-chan.
-¿Cómo no va a caber? Ordenándolo
bien cabe todo, mujer.
-Ya, y si no cabe eres capaz de hacer
400 km corriendo detrás del coche con el equipaje a cuestas, con tal
llevarte a tu nieta, ¿no?
-Porfiporfiporfiporfiiiiiiii...
Continuará...
23 febrero 2013
Las mamás son la leche
Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos mamás.
Winston Lorzill
Bebé-chan ya va a la guardería.
Y se la sopla.
Bebé-chan es una niña feliz y le da lo mismo estar en casa, con los abuelos, tirada de cualquier manera en un banco del Vips (verídico) o en la blanca superficie de la luna... mientras no tenga hambre o frío y pueda ver lo que pasa alrededor.
Para mí la adaptación ha sido un poco más difícil.
Elegir la guardería ya fue un trauma, porque por más que leía y llamaba y preguntaba me seguía faltando información.
-¡Si tienes hasta el árbol genealógico de las cuidadoras! -me decía ZaraJota™- ¿Qué más necesitas?
-Jo, no sé, que me digan si van a maltratar a la niña.
-¡Eso no te lo van a decir en un folleto!
-Pues no entiendo por qué, sería mucho más cómodo para todos.
-Vamos a ver, Lorz... Si en la publicidad de la guardería pusiera "maltrato individualizado" o "expertos en pederastia" nadie llevaría a sus hijos.
-No sé, no sé... ¡hay gente para todo!
Aparte de la seguridad de Bebé-chan, lo que más me preocupaba de la guardería era tener que socializar con otras mamás.
En general no soy una persona sociable (aunque comparada con ZaraJota™ soy Miss Abrazos Gratis, ¿eh?), y si a alguien se lo he parecido alguna vez es porque he hecho un curso de Habilidades Sociales.
De hecho, lo que más me gusta de Madrid es que puedes salir a la calle y no tienes que hablar con nadie... a no ser que tengas un bebé.
Porque cuando tienes un bebé, gente a la que no conoces de nada siente la imperiosa necesidad de hablar contigo cuando te la cruzas por la calle. La mayoría se limitan a decir "que niño más guapo" o te preguntan qué edad tiene. Y luego está la pequeña minoría.
Aparentemente, existe una pequeña minoría de seres humanos que cree que tener un hijo ya te convierte en un experto en crianza, y que cree que su deber, no, su obligación es ir aleccionando a los demás por la calle.
Mi primera experiencia con este colectivo de madres aleccionantas fue en el hospital, con las enfermeras.
-Le das teta cada vez que lo pida -dijo la primera.
-Aunque no te lo pida, le das teta cada tres horas-dijo la segunda-, y la dejas ahí hasta que la suelte.
-Le das teta diez minutos cada tres horas -dijo la tercera-, y si con eso se queda con hambre ya espabilará en la próxima toma.
Cuando el pediatra vino al día siguiente me dijo que la niña había perdido más peso del normal.
-¿Cómo le estás dando de comer? -preguntó.
-Pues verá, como las enfermeras no se ponían de acuerdo, al final le he comprado una pizza y le he dicho "mira bonita, cuando tengas hambre te la calientas en el microondas", y no debe tener mucha hambre, porque de momento la pizza ni mirarla.
Cuando Bebé-chan tenía un mes o así, íbamos las dos en el autobús, balanceándonos de un lado a otro a toda velocidad, cuando se nos acercó una viej...anciana.
"Viene a ofrecerme el asiento", pensé, y le sonreí y todo.
Pues no, no quería cederme el asiento, porque lo que me dijo fue:
-Vergüenza te tenía que dar sacar a una niña tan pequeña a la calle.
-Tengo que llevarla al pediatra.
-¡Qué pediatra ni qué pediatra! ¡En mis tiempos no había tanto pediatra y tanta tontería como ahora!
En sus tiempos cuando una viej... anciana se rompía la cadera se quedaba inválida para siempre y se tenía que quedar en su casa.
Por desgracia, no podemos volver a esos felices tiempos.
En otra ocasión, también en el autobús, Bebé-chan se puso a llorar.
-Tiene hambre -dijo una viej... anciana.
-Tiene sueño -dijo otra.
-Tiene frío -dijo otra.
Lo que tiene son tres viej... ancianas gritándole a un palmo de la cara, más bien.
Y así todo.
Con las otras mamás es peor.
Científicos de todo el mundo han demostrado que las mamás son los animales más competitivos de la naturaleza, sólo superados por las abuelas, que a fin de cuentas no dejan de ser mamás al cuadrado.
Para comprobarlo no tenéis más que acercaros una tarde a su hábitat natural, el parque, y escuchar alguna de las conversaciones.
-Mi Yosua se comió ayer un plátano- dice una de las madres congregadas.
-Pues mi Nazan dos -contesta la otra.
-Pues mi Kevin tres -remata la última.
Que te dan ganas de preguntarles qué hacen perdiendo el tiempo en el parque, con la pasta que se podrían sacar alquilándolos a un seminario.
Curiosamente la competitividad se aplica a lo bueno y a lo malo.
-Mi Yosua tiene mocos.
-Pues mi Nazan tiene gripe.
-Pues mi Kevin tiene ébola, y acaba de estornudarle encima al tuyo.
Y así todo.
Mi último descubrimiento es la relación matemática directa entre la competitividad de la madre y la fealdad del hijo.
-Que grande está tu niña -me dijo una un día-. Eso es porque le das teta.
No le dije nada, porque la leche materna no es precisamente desnatada.
Y al día siguiente:
-Que ojos tan azules tiene tu niña. Eso es porque le das teta.
Infeliz de mí, pensando que era por las leyes de Mendel.
Y al otro:
-Que espabilada está tu niña. Eso es porque le das teta.
La teta de la sabiduría, así la voy a llamar.
Al final hubo un día que no me pude contener.
-Que guapa está tu niña -empezó-. Eso es porque le das teta.
Entonces miré a la mamá. Miré al niño. Volví a mirar a la mamá, y le dije:
-Tú al tuyo le das leche artificial, ¿no?
-Sí, ¿cómo lo has sabido?
Ahora es cuando se lo explico y me parte la cara.
-Jo, no sé, que me digan si van a maltratar a la niña.
-¡Eso no te lo van a decir en un folleto!
-Pues no entiendo por qué, sería mucho más cómodo para todos.
-Vamos a ver, Lorz... Si en la publicidad de la guardería pusiera "maltrato individualizado" o "expertos en pederastia" nadie llevaría a sus hijos.
-No sé, no sé... ¡hay gente para todo!
Aparte de la seguridad de Bebé-chan, lo que más me preocupaba de la guardería era tener que socializar con otras mamás.
En general no soy una persona sociable (aunque comparada con ZaraJota™ soy Miss Abrazos Gratis, ¿eh?), y si a alguien se lo he parecido alguna vez es porque he hecho un curso de Habilidades Sociales.
De hecho, lo que más me gusta de Madrid es que puedes salir a la calle y no tienes que hablar con nadie... a no ser que tengas un bebé.
Porque cuando tienes un bebé, gente a la que no conoces de nada siente la imperiosa necesidad de hablar contigo cuando te la cruzas por la calle. La mayoría se limitan a decir "que niño más guapo" o te preguntan qué edad tiene. Y luego está la pequeña minoría.
Aparentemente, existe una pequeña minoría de seres humanos que cree que tener un hijo ya te convierte en un experto en crianza, y que cree que su deber, no, su obligación es ir aleccionando a los demás por la calle.
Mi primera experiencia con este colectivo de madres aleccionantas fue en el hospital, con las enfermeras.
-Le das teta cada vez que lo pida -dijo la primera.
-Aunque no te lo pida, le das teta cada tres horas-dijo la segunda-, y la dejas ahí hasta que la suelte.
-Le das teta diez minutos cada tres horas -dijo la tercera-, y si con eso se queda con hambre ya espabilará en la próxima toma.
Cuando el pediatra vino al día siguiente me dijo que la niña había perdido más peso del normal.
-¿Cómo le estás dando de comer? -preguntó.
-Pues verá, como las enfermeras no se ponían de acuerdo, al final le he comprado una pizza y le he dicho "mira bonita, cuando tengas hambre te la calientas en el microondas", y no debe tener mucha hambre, porque de momento la pizza ni mirarla.
Cuando Bebé-chan tenía un mes o así, íbamos las dos en el autobús, balanceándonos de un lado a otro a toda velocidad, cuando se nos acercó una viej...anciana.
"Viene a ofrecerme el asiento", pensé, y le sonreí y todo.
Pues no, no quería cederme el asiento, porque lo que me dijo fue:
-Vergüenza te tenía que dar sacar a una niña tan pequeña a la calle.
-Tengo que llevarla al pediatra.
-¡Qué pediatra ni qué pediatra! ¡En mis tiempos no había tanto pediatra y tanta tontería como ahora!
En sus tiempos cuando una viej... anciana se rompía la cadera se quedaba inválida para siempre y se tenía que quedar en su casa.
Por desgracia, no podemos volver a esos felices tiempos.
En otra ocasión, también en el autobús, Bebé-chan se puso a llorar.
-Tiene hambre -dijo una viej... anciana.
-Tiene sueño -dijo otra.
-Tiene frío -dijo otra.
Lo que tiene son tres viej... ancianas gritándole a un palmo de la cara, más bien.
Y así todo.
Con las otras mamás es peor.
Científicos de todo el mundo han demostrado que las mamás son los animales más competitivos de la naturaleza, sólo superados por las abuelas, que a fin de cuentas no dejan de ser mamás al cuadrado.
Para comprobarlo no tenéis más que acercaros una tarde a su hábitat natural, el parque, y escuchar alguna de las conversaciones.
-Mi Yosua se comió ayer un plátano- dice una de las madres congregadas.
-Pues mi Nazan dos -contesta la otra.
-Pues mi Kevin tres -remata la última.
Que te dan ganas de preguntarles qué hacen perdiendo el tiempo en el parque, con la pasta que se podrían sacar alquilándolos a un seminario.
Curiosamente la competitividad se aplica a lo bueno y a lo malo.
-Mi Yosua tiene mocos.
-Pues mi Nazan tiene gripe.
-Pues mi Kevin tiene ébola, y acaba de estornudarle encima al tuyo.
Y así todo.
Mi último descubrimiento es la relación matemática directa entre la competitividad de la madre y la fealdad del hijo.
-Que grande está tu niña -me dijo una un día-. Eso es porque le das teta.
No le dije nada, porque la leche materna no es precisamente desnatada.
Y al día siguiente:
-Que ojos tan azules tiene tu niña. Eso es porque le das teta.
Infeliz de mí, pensando que era por las leyes de Mendel.
Y al otro:
-Que espabilada está tu niña. Eso es porque le das teta.
La teta de la sabiduría, así la voy a llamar.
Al final hubo un día que no me pude contener.
-Que guapa está tu niña -empezó-. Eso es porque le das teta.
Entonces miré a la mamá. Miré al niño. Volví a mirar a la mamá, y le dije:
-Tú al tuyo le das leche artificial, ¿no?
-Sí, ¿cómo lo has sabido?
Ahora es cuando se lo explico y me parte la cara.
14 febrero 2013
La jungla del culo
-Jo, que pena -me dijo un día ZaraJota™.
-¿Qué pasa?
-Nada, que me han mandado un mail para el pase de prensa de La Jungla de Cristal 5 (lo del culo).
-¿Y te da pena por eso? Pues sí que debe ser mala.
-No, me da pena porque no puedo ir.
-¿Y yo?
-No, tú tampoco... Es el día 14 por la mañana.
-Jo... Espera, sí es por la mañana sí que puedo. Me da tiempo a dejar a Bebé-chan en la guardería y volver.
-¿Quieres que te apunte?
-Jo, no sé. Es que ir sola me da pereza.
-Ya.
-Podías pedirte el día en el trabajo y venir conmigo.
-¿QUÉ? Lorz, no puedo pedirme el día para ir a ver La Jungla de Cristal 5 (lo del culo)...
-¡Por supuesto que no! Te lo pides para llevar a Bebé-chan en la guardería .... y para matar el tiempo hasta que sea hora de recogerla.
-Que no.
-Venga, va... Sería como una cita... el día de San Valentín, tú y yo solitos, el cine, una peli romántica...
-¿Romántica? ¿La Jungla?
-Bueno, es más romántica que las m**rd*s que me llevas a ver habitualmente.
-Que no, Lorz, que no.
-¡Pues como no vengas conmigo me enfado y no respiro!
Y así fue como Hermano Pequeño acabó solo en el pase de prensa de la película.
-Recuérdale -me dijo ZaraJota™- que luego tiene que escribir una reseña, que siempre dice que sí que sí, y en el momento de la verdad es que no, que no.
-No te preocupes, ya la escribo yo.
-¡Si no vas a ver la película!
-No pasa nada, Hermano Pequeño la ve y luego me la cuenta. No sería la primera vez*.
-No nos volverán a invitar, ya verás...
Esta mañana Hermano Pequeño me ha mandado un whatsapp para avisarme de que ya había terminado.
"Vale", le he contestado, "dime algo de la película para que escriba la reseña".
La respuesta no se ha hecho esperar:
"Las malas llevan escote".
Muy bien, muy bien... si la reseña fuera para Interviu.
*Bonus track:
Hace unos años estaba mi abuelo rodeado de sus cinco nietos.
Como era un hombre generoso, echó la mano a la cartera, sacó un billete de 10 euros y con aire de gran satisfacción nos dijo:
-Tomad, para que os vayáis al cine.
Se veía tan contento que nadie se atrevió a decirle que con 10€ nos daba, con suerte, para una entrada y media. Cogimos el billete y le dimos las gracias muy educadamente, mientras pensábamos para nuestros adentros si el abuelo estaba chocho o qué.
-¿Qué hacemos? -pregunté.
-Muy fácil -dijo Hermano Mediano-:yo voy al cine y luego os lo cuento.
Más tarde, el abuelo fue a echar mano a su cartera y se encontró un billete de 50 €.
-Anda c*ñ*... -se dijo-. Si el de 50 está aquí, ¿qué le he dado yo a mis nietos?
Una anécdota, abuelo, una anécdota.
-¿Qué pasa?
-Nada, que me han mandado un mail para el pase de prensa de La Jungla de Cristal 5 (lo del culo).
-¿Y te da pena por eso? Pues sí que debe ser mala.
-No, me da pena porque no puedo ir.
-¿Y yo?
-No, tú tampoco... Es el día 14 por la mañana.
-Jo... Espera, sí es por la mañana sí que puedo. Me da tiempo a dejar a Bebé-chan en la guardería y volver.
-¿Quieres que te apunte?
-Jo, no sé. Es que ir sola me da pereza.
-Ya.
-Podías pedirte el día en el trabajo y venir conmigo.
-¿QUÉ? Lorz, no puedo pedirme el día para ir a ver La Jungla de Cristal 5 (lo del culo)...
-¡Por supuesto que no! Te lo pides para llevar a Bebé-chan en la guardería .... y para matar el tiempo hasta que sea hora de recogerla.
-Que no.
-Venga, va... Sería como una cita... el día de San Valentín, tú y yo solitos, el cine, una peli romántica...
-¿Romántica? ¿La Jungla?
-Bueno, es más romántica que las m**rd*s que me llevas a ver habitualmente.
-Que no, Lorz, que no.
-¡Pues como no vengas conmigo me enfado y no respiro!
Y así fue como Hermano Pequeño acabó solo en el pase de prensa de la película.
-Recuérdale -me dijo ZaraJota™- que luego tiene que escribir una reseña, que siempre dice que sí que sí, y en el momento de la verdad es que no, que no.
-No te preocupes, ya la escribo yo.
-¡Si no vas a ver la película!
-No pasa nada, Hermano Pequeño la ve y luego me la cuenta. No sería la primera vez*.
-No nos volverán a invitar, ya verás...
Esta mañana Hermano Pequeño me ha mandado un whatsapp para avisarme de que ya había terminado.
"Vale", le he contestado, "dime algo de la película para que escriba la reseña".
La respuesta no se ha hecho esperar:
"Las malas llevan escote".
Muy bien, muy bien... si la reseña fuera para Interviu.
*Bonus track:
Hace unos años estaba mi abuelo rodeado de sus cinco nietos.
Como era un hombre generoso, echó la mano a la cartera, sacó un billete de 10 euros y con aire de gran satisfacción nos dijo:
-Tomad, para que os vayáis al cine.
Se veía tan contento que nadie se atrevió a decirle que con 10€ nos daba, con suerte, para una entrada y media. Cogimos el billete y le dimos las gracias muy educadamente, mientras pensábamos para nuestros adentros si el abuelo estaba chocho o qué.
-¿Qué hacemos? -pregunté.
-Muy fácil -dijo Hermano Mediano-:yo voy al cine y luego os lo cuento.
Más tarde, el abuelo fue a echar mano a su cartera y se encontró un billete de 50 €.
-Anda c*ñ*... -se dijo-. Si el de 50 está aquí, ¿qué le he dado yo a mis nietos?
Una anécdota, abuelo, una anécdota.
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