18 octubre 2012

Poner a parir VII

Previously in Lorz...
Pin y Pon, Pin y Pon
Pequeñitos.
Pin y Pon, Pin y Pon
Amiguitos.
Pin y Pon, Pin y Pon
¡PIN Y PON!


Decía en el post anterior que el mismo día que me dio por limpiar había tenido que ir al médico de cabecera  para renovar la baja.

Veamos ese flashback:
-Tienes contracciones -dijo el médico nada más verme.
-No.
El médico me puso las manos en la tripa.
-Sí que tienes...¿no notas nada?
-Bueno, sí, como unos calambres... como cuando vas a tener la regla.
-Vale, pues ahora te vas a ir y vas a dar un buen paseo, ¿vale?
-¿Tengo que volver la semana que viene?
-Jajaja, no, no.

Aquello me mosqueó un poco, aunque no le di importancia porque estaba demasiado obsesionada con limpiar, y porque tampoco me parecía para tanto.
Quiero decir, he visto muchas películas, he visto Babyboom, y en general tengo una idea de cómo se comportan las señoras cuando tienen contracciones... desde luego yo no me sentía como para comportarme así. Al contrario: hice mis recados, limpié, ordené... sin ningún problema ni gritar ni insultar a nadie más que a una viej... anciana que se me coló en el autobús.
De todas formas, ZaraJota™ insistió en que le mantuviera informado.
ZaraJota™ y yo teníamos un sistema para llevar un control de las contracciones: cada vez que tenía una, le mandaba un simbolito por guasap. Es muy práctico porque además de estar informado te queda un registro de a qué hora ha sido cada una y puedes ver si van a más, a menos...
Esa tarde, cuando llegó a casa, ZaraJota™  me enseñó su móvil.
-¿Te das cuenta de que has tenido contracciones cada cuarto de hora durante todo el día?
-¿Sí? No me ha parecido que fuera para tanto.
Incluso había podido dormir la siesta. Bueno, mejor dicho, unas seis minisiestas de 10 minutos cada una, así entre contracción y contracción. Y me habían sentado estupendamente, además.
Estaba de tan buen humor que incluso me apetecía salir a dar un paseo.
Quizá no fue la mejor idea del mundo.
Nada más salir a la calle, algo así como a las ocho de la tarde, las contracciones aumentaron a una cada siete minutos.
A las nueve eran cada cinco.
-¿Vamos al médico?
-No, no, seguro que en cuanto me eche un rato se me pasan.
A las doce, eran cada tres minutos.
A la una ya no podía distinguir unas de otras.
A las dos nos vestimos, salimos a la calle y nos subimos a un taxi.
-Anda -dijo el taxista- no estarás de parto. 
-Pues lo mismo sí.
El taxista hizo un cambio de dirección cruzando tres carriles en medio del tráfico, con derrape incluido.
-Había oído que estas cosas pasaban, pero nunca me habían pasado a mí... ¿Estás bien? ¿Abro la ventana? ¿Pongo el aire más fuerte? ¿Qué camino crees que será más rápido? Dios... creo que me he perdido... ¿Me puedes decir cómo se llega? Espera, que me paro y pregunto... ¡Joder, que me he pasado! Espera, que doy marcha atrás ahora que creo que no viene nadie...
Para entonces las contracciones se estaban espaciando y empezaba a temer que Bebé-chan hubiera tenido un infartito. Entramos a recepción, y nos la encontramos vacía y a oscuras.
-¿Hola?
-Hola -dijo la recepcionista, apareciendo cual fantasma de la Ópera -¿qué te pasa?
-Creo que estoy de parto.
-Pues vete a tu médico. 
Mira tú que idea más buena, no se me había ocurrido a mí.
-Es que es sábado y son las tres de la mañana...
-¿Y tu centro de urgencias cuál es?
¿Usted que cree? ¿Eh? ¿Eh? ¿EH?
-Este.
-¿Sí? A ver, ¿tu médico quién es?
Mi médico es un buen hombre que está tan tranquilo en su casa mientras yo estoy aquí acordándome de su madre. Ese es.
-Con... tracción... todo en... papel...
Y le di el papel de ingreso, con todos mis datos y mis cositas.
-Ah, vale, pues espera ahí.
Al rato me llamó la matrona de guardia.
Que quede claro: la matrona daba miedo, mucho miedo.
La consulta daba más miedo todavía.
La camilla daba miedo que te c*g*s.
Tenía la impresión de haber entrado en una de esas clínicas ilegales donde vas a que te saquen una muela, te ponen anestesia general y cuando te das cuenta te han abierto y han vendido todos tus órganos a la mafia rusa.
La matrona me dijo que me quitara los refajos, que me subiera a la camilla y abriera las patitas, para después proceder a una exploración que seguramente ha aprendido a hacer practicando con reses.
Pupita grande en bajos...
-Pues estás nula -me dijo, todavía con la cabeza entre las piernas.
-¿Y eso qué significa?
-Eres primeriza, ¿no?
-Sí...
-Pues significa que no puedes venir aquí cada vez que tengas un calambrito. 
Ahora es cuando le meto un zapato en la boca y acabo pariendo en el cuartelillo.

Continuará...


15 comentarios:

Bettie dijo...

Qué gente más simpática, ¿no?

Yo no sé si habría podido contenerme con lo del zapato...

Anónimo dijo...

Hola Lorz.
Mi comadrona también daba mucho miedo, yo pensé que se jubilaría y que si tenía otro bebé habría otra un poquito más amable... ¿Adivinas qué comadrona me atendió con el hermanito?

Un beso a la preciosa Bebe-chan.

Ana

Martes dijo...

No sé si te has paseado por la blogosfera a leer todos esos blogs sobre maternidad natural y esas cosas... Siempre hablan horrores de los profesionales médicos. Yo los leo, pero me los creo sólo al 60%. Sin embargo, con tu experiencia, parece que no anden tan desencaminados...

pseudosocióloga dijo...

Cuando a mi la matrona me dijo que si quería epidural a la carta(después de doce horas con contracciones provocadas por la oxitocina porque tres semanas más tarde de la fecha todavía no me había puesto de parto porque la niña resulta que traía doble vuelta de cordón y pesaba cuatro kilos y medio)me hubiera ido a la privada y le pregunté que cuántos hijos había tenido ella y me contestó que ninguno, me la comí, cruda.

Patch dijo...

Como te decía por Twitter, yo fui hasta 4 veces antes de romper aguas (esa vez ya fue la que no me dejaron salir). A mí me tocaron matronas majas, menos una que era estudiante, se hizo lío con los cm de dilatación y obligó a la profe a que viniera también a ver el espectáculo

Misaoshi dijo...

Madre mía qué putada. No sabía que eso podía pasar.

Ya lo sé para los 30 o así que me dé el benazo...

Anónimo dijo...

Mi madre, de mi hermana (menor que yo) avisando y la ignoraban como a ti. Agarró a una enfermera clavándole las uñas para que frenara, la obligó a mirar y "es morena"... Salió en un PLOP casi sin dar tiempo de llegar al paritorio. A veces se pasan de bordes de lo quemadas que están.

Necio Hutopo dijo...

Así sí da gusto traer una nueva vida al mundo

Tita dijo...

Las hay que tienen una sensibilidad que paqué!!!

Que punto, lo que me he reido!!!

Jouu dijo...

Joder, es que es típico, y no solo en obstetricia, en cualquier otra especialidad es igual. A ver, que yo entiendo que los médicos esten hartos de ver de todo, pero deberían entender que trabajan con personas y que tú no estás pariendo todos los días. Un poco de empatía y de delicadeza, leñe!

Maniega dijo...

Será que les obligan a ser bordes? A la última ecografía que le hicieron a mi hermana entré con ella, y tanto la enfermera como el medico, desagradables como ellos solos, si el medico le dijo a mi hermana que no se veía bien la eco por toda la grasa que tenía!! O sea que el señor amable la llamo gorda en toa la cara vamos, eso, que así da gusto traer niños al mundo

JuanRa Diablo dijo...

Yo es que creo que las matronas se preparan todas en una estricta escuela militar alemana y los taxistas han de pasar pruebas de riesgo límite.

No vale cualquiera.

lapatachunga dijo...

Qué experiencia tan bonita... tranquila, ahora vivirás tantas como esta (y de las bonitas en serio) que ni te acordarás.
Felicidades a los dos, papis! Y arrumacos para la peque.
(queremos ver fotico, anda, vengaaa, decid que sí)

Anónimo dijo...

Pues ya me gustaría saber qué hospital era ese... para huir de él!! qué maja la comadrona... en fin.

pilarrubio dijo...

Así nos tratan en estos sitios cuando vamos de esa manera. Piensas lo mismo que pensaba yo. Qué risa, a pesar de lo apurado del momento. Un saludo Lorz.