11 agosto 2005

Delincuencia juvenil

Tiene que haber gente pa tó. Estaba esta mañana en mi caja (del supermercado), medio dormitando ante el creciente aburrimiento, cuando se me acercó una vieja, perdón, una anciana.
-¿Tú eres xxx? -me preguntó. Bueno, no me preguntó eso. Donde yo he puesto "xxx" ella dijo mi nombre, pero mi nombre completo, como sale en mi partida de nacimiento.
-¿Qué?
-Me han dicho que tú eres xxx.
-Ah, sí -confesé después de un momento. Vale, varios momentos. Siempre me cuesta reconocerme en ese nombre.
-Tú atendiste a mi hijo ayer -me dijo, señalándome con el dedo.
-¿Qué?-yo no estaba muy fina, la verdad.
-Ponía tu nombre en el ticket. Xxx. Aquella -señaló a otra cajera, de la que me vengaré en su oportuno momento- me ha dicho que eres tú.
-Ah, sí -repetí. Me tenía acojonada, la vieja. Para ser cliente nuestra, parecía muy lista.
-Ayer mandé a mi hijo a comprar un litro de leche y un paquete de pan de molde. Yo le había dado cinco euros. En el ticket ponía que usted tenía que darle vuelta. Le pedí la vuelta a mi hijo, y él me dijo que la señorita de la tienda no se la había dado.
¡Me estaba acusando de quedarme con la vuelta! Vieja paranoica de m... Perdón: anciana paranoica de mierda...
La tensión se palpaba en el ambiente. A lo lejos el hilo musical informaba de vete tú a saber qué.
-Eh... -dije, para ganar tiempo, pero ella era más lista que yo.
-¿Y bien?
¡Cuanta presión!
-Bueno, es posible que yo me equivocara, y no le diera la vuelta... -le dije, con mi tono de "ni de coña, tía, soy una profesional"-. Pero cuadré mi caja antes de irme, y ni me sobraba ni me faltaba dinero -mentira podrida, por cierto. Me sobraron cinco céntimos, pero debí sonar convincente, porque de pronto la señora puso una cara extraña. Como si después de pasar doce años sospechando de tu hamster (o rata) descubrieras de pronto que es un asesino en serie.
-Mi hijo debió quedarse la vuelta -dijo-. Ya me lo imaginaba yo.
La vi tan apenadilla, la pobre, que pensé decir algo mínimamente amable, incluso a pesar de que a esas alturas la odiaba profundamente.
-Mujer, los niños, ya se sabe.
No es una gran frase, la verdad. La cara que puso la tía.
-Mi hijo tiene 45 años.
Lo juro. El delincuente juvenil era más viejo que mis padres. Ahora me tocaba a mí poner cara.
-Je, je-je-je, je -se me escapó. Es mi risa de "oh-dios-mio-y-ahora-yo-que-digo".
La señora me dio las gracias y se fue, muy digna.
Espero que le eche al hijo la bronca de su vida.

2 comentarios:

Antonio dijo...

jojo, he llegado hasta aqui buscando informacion sobre delincuencia juvenil para un trabajo de clase. creo que deberia poner tu articulo en mi trabajo y a ver si por lo menos por gracioso me pone algo mas de nota...jeje.
la pobre mujer...lo mismo el hijo tiene 45 tacos en el dni pero no en la cabeza, es decir, lo mismo tiene alguna discapacidad, por que si no...menudo parasito de su casa.
saludos y muy chulo el blog

peibol dijo...

Si has creado un hijo parásito de 45 años, no me extraña que te robe dinero :s